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La caída del Muro de Berlín, a 30 años de dis­tan­cia
noviem­bre 9, 20190

Esta inda­gación peri­odís­tica no habría sido posi­ble sin el apoyo de la Fun­dación Friedrich Ebert y la coop­eración deci­siva de Isabel Basterra, Eliz­a­beth Klose, Mar­i­ane Braig y Peter Stho­randt por sus ori­enta­ciones y tra­duc­ción de char­las, entre­vis­tas y son­deos en ambas Alemanias.

I. Vienen tiem­pos de efer­ves­cen­cia, dicen observadores

RDA: la inse­guri­dad social ante­cede a la reunificación

Junto con los prob­le­mas económi­cos y políti­cos resurge el temor al pasado

Sara Lovera, envi­ada /​I, Berlín, 26 de abril 1990.- Un mil­lón de des­ocu­pa­dos, mujeres prin­ci­pal­mente; la pér­dida del 50 por ciento del salario para 8 mil­lones de tra­ba­jadores; inflación, inesta­bil­i­dad política y des­man­te­lamiento de la pro­tec­ción social para niños y ancianos, son las primeras con­se­cuen­cias para 16 mil­lones de habi­tantes de la República Democrática Ale­m­ana a propósito de su acel­er­ada anex­ión al oeste germano.

Klaus Voy, econ­o­mista occi­den­tal, prevé antes de diciem­bre de este año, a esca­sos 12 meses de la caída del Muro, “una catástrofe social” de con­se­cuen­cias imprevisibles.

Dieter Hocke, jefe de política estruc­tural de la Con­fed­eración Ale­m­ana de Sindi­catos (DGB), fue más drás­tico, cuando en su despa­cho de la ciu­dad de Düs­sel­dorf afirmó: “ten­emos temor fun­dado de efer­ves­cen­cia social” porque “no sabe­mos quién pagará una decisión política equiv­o­cada y pre­po­tente sobre la que nadie nos pre­guntó”, y cuyo costo será supe­rior a los 20 mil mil­lones de marcos.

Y, advir­tiendo que tal vez suene a cin­ismo, agregó: “no habrá ham­bre ni frío para nadie, pero pronto ten­dremos gente viviendo debajo de los puentes, y una fuerte com­pe­ten­cia en pos de un puesto de trabajo”.

La seguri­dad social ante­cede a la reunificación

La unidad mon­e­taria y las bases para la anex­ión fijadas en el artículo 23 de la Con­sti­tu­ción de la República Fed­eral de Ale­ma­nia se for­malizará en julio próx­imo, aunque en toda la zona fron­ter­iza, prin­ci­pal­mente la de esta ciu­dad, ya se vive, y las difer­en­cias visuales de Este y Oeste empiezan a bor­rarse. Sólo la moda hacía esa diferencia.

En las calles de las ciu­dades más impor­tantes de la RFA, 300 mil ale­manes de la RDA bus­can una vida nueva desde la caída del Muro; han lle­gado por Aus­tria al sur de Ale­ma­nia, a Bonn, a Frank­furt y Ham­burgo, con esper­anza; los emi­gra­dos –se cal­cu­lan en 2 mil­lones– viven en casas de asis­ten­cia en Baviera; en bar­cos en desuso en Düsel­dorff; en casas sociales en Ham­burgo o en los bar­rios de Berlín durante el día, y en casas aban­don­adas del Este por la noche; en las aceras de la estación Zoológico del sub­ter­rá­neo de Berlín se cam­bian mar­cos ori­en­tales a 5 por uno occi­den­tal, a plena luz, para com­pras masi­vas en el Este de libros y cámaras fotográ­fi­cas, incluso de ali­men­tos, entradas al teatro y con­sumo de cerveza y en las zonas del bar­rio de Krenzberg –el de los extran­jeros de Berlín Occi­den­tal– la pros­ti­tu­ción ale­m­ana com­pite sin mucho éxito con la que ofre­cen a mitad de pre­cio las ciu­dadanas polacas.

Para Mar­i­ane Braig, del Insti­tuto de Estu­dios Lati­noamer­i­canos de la Uni­ver­si­dad Libre de Berlín, sub­y­ace el miedo, no sólo por la rup­tura de la paz económica con­stru­ida lenta­mente durante cua­tro dece­nios, sino por el renacimiento de la cuestión ale­m­ana: el poder y la glo­ria como divisa del hor­ror europeo y mundial empieza a flo­re­cer, afirma, y agrega que de ello ningún político habla aquí.

Lo cierto es que en las calles de Berlín Ori­en­tal ya pasean, sin ocul­tarse, jóvenes neon­azis de pelo rapado y chamarra negra, igual que lo hacen las mili­cias de Esta­dos Unidos. El temor es fundado.

Al otro lado de esta vieja cap­i­tal del Reich, Peter Voll­man, del Par­tido del Social­ismo Democrático, recién nacido –el antes gob­er­nante Par­tido Social­ista Unifi­cado de Ale­ma­nia (PSUA)-, recono­ció que ha empezado el cierre de empre­sas, la elim­i­nación de puestos de tra­bajo de mujeres, y durante las primeras dos sem­anas de abril se lle­varon a cabo en Dresde y Leipzig man­i­festa­ciones hasta de un mil­lón de per­sonas en defensa de los dere­chos sociales. Se ha empezado a des­man­te­lar un espe­jismo que dio a la alianza cris­tiana el tri­unfo de las elec­ciones de marzo, porque las prome­sas del can­ciller Hel­mut Kohl no se están cumpliendo. Ofre­ció pari­dad mon­e­taria y ahora la reduce a la mitad; ofre­ció el acceso al mismo nivel de vida y eso va a tar­dar. Voll­man ase­guró que se quería un cam­bio hacia ade­lante, pero eso fra­casó, y ahora, dice, “nosotros ya no podemos influir frente a lo que sucede real­mente”. El PDS quedó fuera del gobierno.

En el Este berlinés han sido aban­don­adas 24 mil vivien­das, subió 4 veces el pre­cio del café y se abrieron com­er­cios occi­den­tales que ya no acep­tan “nues­tra mon­eda”. En la RFA, antes de la caída del Muro, un alemán del Este lograba de inmedi­ato, por ley, pas­aporte, ayuda social y vivienda; en muchas oca­siones, trabajo.

Lo cierto es que al sur de la RDA los cam­pos de car­bón peligran, y con ellos 600 mil mineros y sus famil­ias, que quedarán sin empleo y sin medios de sobre­viven­cia; en el cen­tro indus­trial de la química en Ros­tock, la más impor­tante del país ex social­ista, los cap­i­tal­is­tas han empezado a com­prar plan­tas y a imponer sus reglas sin defensa o prop­uesta sindi­cal: 100 mil tra­ba­jadores depen­den de esta indus­tria; a 60 kilómet­ros de la fron­tera con Aus­tria está ya insta­l­ada una planta auto­motriz de la Gen­eral Motors que va a com­pe­tir con la indus­tria auto­motriz de la RFA en cos­tos de mano de obra, pro­duc­ción, orga­ni­zación del tra­bajo y presta­ciones, y todavía nadie había reflex­ion­ado sobre ello; la empresa Zeiss –líder en pro­duc­ción fotográ­fica y óptica– ya ha entrado en nego­cia­ciones para obtener sim­i­lares empre­sas en la RDA, sin pro­tec­ción lab­o­ral, fis­cal o financiera alguna.

Los efec­tos del cam­bio se basan en una real­i­dad no dis­cutible para el frío análi­sis económico: en la RDA –primer país fuerte en el Este, después de la Unión Soviética, en cuestión económica-​, se pro­duce a un ritmo infe­rior al 50 por ciento respecto de la RFA; los ser­vi­cios están sub­de­sar­rol­la­dos; 10 por ciento de los 8 mil­lones de tra­ba­jadores son des­ocu­pa­dos silen­ciosos porque no tienen mate­ria de tra­bajo real. La mayor ine­fi­cien­cia se encuen­tra en la dis­tribu­ción de mate­ri­ales de tra­bajo; hace años se par­al­izó la indus­tria de la con­struc­ción; la sanidad pública es ine­fi­ciente y las enfer­medades de los tra­ba­jadores pro­ducen ausen­tismo y abulia.

En la RDA existe una poten­cia mil­i­tar 4 veces supe­ri­ora la de la RFA, que ahora resulta exce­siva; una parte del ejército ya fundó una aso­ciación para la defensa de su empleo, el 90 por ciento de las mujeres en edad lab­o­ral lo hacen en puestos impro­duc­tivos o innece­sar­ios según la visión occi­den­tal “aunque real­mente no los cono­ce­mos ni podemos con­fiar en las estadís­ti­cas ofi­ciales”, reflex­iona Dieter Hocke.

Los inver­sion­istas han lan­zado a la calle a miles de mujeres durante los primeros 90 días de este año; la indus­tria de la con­fec­ción no tiene perspectivas,porque la moda se hace en la RFA, y las grandes empre­sas se han ubi­cado en países per­iféri­cos donde resulta más barata la mano de obra y, para colmo, el sindi­cal­ismo de Estado se encuen­tra mori­bundo, sin la con­fi­anza de los tra­ba­jadores e igno­rante de las téc­ni­cas y la forma de la nego­ciación colec­tiva frente a sus nuevos patrones capitalistas.

La unidad mon­e­taria, a la que econ­o­mis­tas de todos los sig­nos se opusieron antes de las elec­ciones del 18 de marzo, sig­nifi­cará de man­era automática la pér­dida de poder adquis­i­tivo en un 50 por ciento, no sólo por un cam­bio de mon­eda de uno por dos, sino porque los salarios para los pre­cios de la RFA no alcan­zarán para obtener ni lo más ele­men­tal: el trans­porte público en la RDA cuesta 20 cen­tavos, en la RFA 2 mar­cos 70; el pan cuesta 50 cen­tavos, en la RFA 2 mar­cos cin­cuenta; la leche 60 cen­tavos; la renta de una casa 80 mar­cos men­su­ales, en la RFA mín­imo mil; los libros cues­tan el 10 por ciento de lo que valen en la RFA; la carne un marco 25 cen­tavos y en la RFA 11 mar­cos; ello para no hablar de los pre­cios de la energía o de la gasolina; de los ser­vi­cios tele­fóni­cos o del teatro y la ópera. En el Este de esta ciu­dad ya empiezan a escasear los ali­men­tos bási­cos y los com­er­ciantes del Oeste han puesto com­er­cios y cobran en mar­cos occidentales.

Las pen­siones para los ancianos se reducirán automáti­ca­mente al 30 por ciento, y los ahor­radores tam­bién perderán si no se logra un acuerdo equi­tativo en las próx­i­mas semanas.

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La unidad mon­e­taria, cuando se dé, hará que la real­i­dad sea mucho peor, porque las difi­cul­tades de arreglo y equi­lib­rio atraviesan toda activi­dad económica y com­er­cial. Aún no hay arreglo.

Los pro­gra­mas de asis­ten­cia social han empezado a desa­pare­cer: lo más grave es en cuanto a las guarderías infan­tiles, donde 500 mil niños perderán su sitio antes de julio y las madres solas, una de cada 3 en la RDA, no ten­drán dónde dejar­los. Este es un asunto que ha orig­i­nado 30 dis­cu­siones en pro­gra­mas de tele­visión en las últi­mas sem­anas y las mujeres empezaron a orga­ni­zar la resisten­cia a través de una liga de gru­pos autónomos.

La anex­ión no era lo que se bus­caba, contó en una entre­vista Cristina Rast­ing, inte­grante de base del Nuevo foro, grupo con­for­mado por int­elec­tuales que se incon­formó con la buro­c­ra­cia y el sis­tema, y que pro­puso sólo la reforma del Estado y un nuevo social­ismo democrático, pero que sólo obtuvo el 1.9 por ciento de las vota­ciones de marzo.

II• Pre­vén sindi­cal­is­tas la peor cri­sis obrero-​patronal

Pagarán tra­ba­jadores ale­manes los cos­tos de la reunifi­cación• Temen uni­ver­si­tar­ios que Hel­mut Kohl aumente los impuestos

Sara Lovera, enviada/​II, Berlín, 27 de abril, 1990. La demanda de una jor­nada sem­anal de 35 horas, encabezada por el Sindi­cato (DGB), con sede en Frankfurt-​, podría con­ducir en las próx­i­mas sem­anas a huel­gas en cadena y al primer gran enfrentamiento de los tra­ba­jadores con el gob­ierno ger­mano fed­eral y los empre­sar­ios, desde que ter­minó la guerra.

El gob­ierno y los empre­sar­ios están ahora más ocu­pa­dos en inver­tir hasta 20 mil mil­lones de mar­cos en el proyecto de la anex­ión de la República Democrática de Ale­ma­nia; ésta se hace sobre la mar­cha cuando se nece­si­tarían por lo menos cinco años “para no lesionar a nadie”. Pero políti­cos y cap­i­tal­is­tas pare­cen no escuchar los reclamos obreros.

La DGB, según una docena de sus diri­gentes, inclu­ido uno de los sec­re­tar­ios adjun­tos de la orga­ni­zación, con­sid­era que se atro­pelló a los tra­ba­jadores de ambas Ale­ma­nias; no exis­tió dis­cusión alguna y el acuerdo de los par­tidos políti­cos gob­er­nantes, inclu­i­dos la socialdemoc­ra­cia y el nuevo gob­ierno de la RDA, ha lle­vado los acon­tec­imien­tos tan ráp­i­da­mente que no ha sido posi­ble reflex­ionar. Ape­nas en mayo, la DGB realizará un con­greso para definir su posición.

Hel­mut Schauer, encar­gado de la política salar­ial del Sindi­cato del Metal, y Rudi Welz­muller, del Depar­ta­mento de Economía de la misma orga­ni­zación, expli­caron las difi­cul­tades de una unifi­cación que, desde su punto de vista, pagarán los tra­ba­jadores de ambas Alemanias.

Admiten que exis­ten recur­sos para pagar la inver­sión que hará de los 16 mil­lones de habi­tantes de la RDA, ciu­dadanos fed­erales, con el mismo nivel de vida y presta­ciones que hay en la RFA. Pero hay problemas.

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En Ale­ma­nia Fed­eral hay tres mil­lones de des­ocu­pa­dos y unos seis mil­lones de pobres, hay una larga dis­cusión respecto al abastec­imiento de la energía que se importa de las plan­tas nucleares de Fran­cia, el Sindi­cato del Metal perdió 25 mil afil­i­a­dos después de la cri­sis siderúr­gica y hay escasez de mano de obra cal­i­fi­cada para las empre­sas de las nuevas cade­nas pro­duc­ti­vas. Adap­tar la política económica a la nueva real­i­dad gen­er­ada por la caída del rég­i­men de par­tido de Estado en la RDA “no es cosa que pueda ocur­rir de la noche a la mañana, pero el gob­ierno de Kohl no quiere dis­cu­tirlo”. Además, “les están haciendo un atro­pello a los ori­en­tales”. Lo mejor sería esperar o for­mar una confederación.

Para Welz­muller, la prop­uesta acel­er­ada de igual­dad mon­e­taria “no fun­cionará”, porque la unión ten­dría que ir acom­pañada por medi­das de política económica para com­pen­sar las inver­siones y garan­ti­zar una per­spec­tiva con­fi­able. Hasta ahora “no cono­ce­mos un pro­grama de com­pen­sación” y, al mismo tiempo, podemos pre­ver una nueva emi­gración; la habida de agosto a marzo fue de casi 300 mil ciu­dadanos de la RDA y, desde la aper­tura “turís­tica” y la época de repre­sión en la RDA –hace dos años-​, han lle­gado al país dos mil­lones de ger­manori­en­tales, cien mil pola­cos y miles de hún­garos bus­cando trabajo.

Las cosas son mucho más com­pli­cadas, advierte, “porqué, para­le­la­mente, nue­stro gob­ierno tra­baja acel­er­ada­mente en el proyecto de la unidad económica euro­pea, pre­vista para 1992” y antes de dar pri­or­i­dad a una u otra cosa “quiere, como se dice matar dos moscas con la misma raqueta”; ello hace pen­sar en un peli­gro político aparente­mente no calculado.

Lo peor es que la tran­si­ción podría enfrentarse con un sindi­cal­ismo fuerte en la RFA, “que no existe”; con sol­i­dari­dad “que no existe” y con clar­i­dad y dis­cusión, que “tam­poco exis­ten”, porque a lo largo de 40 años se creó una sociedad indi­vid­u­al­ista y “tam­poco sobre esto se ha reflexionado”.

Los “ajustes” podrían ser desas­trosos, señaló Schauer, porque los con­flic­tos lab­o­rales están al día. Sólo en la empresa Nikslotf, una de las pro­duc­toras de aparatos elec­trodomés­ti­cos más fuerte y tradi­cional, sin opción tec­nológ­ica, cua­tro mil 500 puestos están en peli­gro y la “reestruc­turación lib­eral”, como la pri­va­ti­zación, con­tinúa sin que la DGB haya podido dar una respuesta sufi­ciente o haya elab­o­rado para sí misma una alter­na­tiva viable.

De la pres­i­den­cia fed­eral de la DGB, el más elocuente es Dieter Hocke, quien reconoce que desde hace ocho años la afil­iación sindi­cal está estancada, porque a los obreros tradi­cionales –cuya fuerza man­ual fue pre­pon­der­ante– los está susti­tuyendo una nueva cadena pro­duc­tiva con emplea­dos de ser­vi­cios com­puta­riza­dos, a quienes no les interesa sindi­calizarse por tran­si­tar a la indi­vid­u­al­ización en el tra­bajo; a las mujeres que tra­ba­jan tiem­pos par­ciales tam­poco les interesa y menos a los téc­ni­cos matemáti­cos, que bus­can nada más mejo­rar su “status”.

Respecto a la RDA, “nues­tra con­fusión es total”, no sólo porque no los cono­ce­mos, sino porque se nece­si­tarían diez años para san­ear su economía, adap­tarla a un sis­tema de mer­cado y resolver los prob­le­mas que de ahí se derivan; aparente­mente nada de ello se ha tomado en cuenta.

El prob­lema es el cómo. “Ahora ser­e­mos un país fuerte”, se dice y el gob­ierno de la RFA fue allá a “sub­sidiar” la cam­paña elec­toral que se basó en prome­sas “téc­ni­ca­mente posi­bles, pero prác­ti­ca­mente imposi­bles”. El econ­o­mista Kloss Voy dijo en Berlín que una décima de inflación provo­cará una revuelta. Para qué hablar de aumento en los impuestos.

Ahora “todas las esce­nas están abier­tas”, exis­ten prob­le­mas económi­cos. Exper­i­men­tos sociales, libros y teorías. Pero “los sindi­catos hoy nos pre­gun­ta­mos cómo resolver prob­le­mas sociales bajo una óptica política, cuyo móvil es sola­mente el poder. Nues­tra primera tarea sería edi­tar un man­ual de nego­ciación sindi­cal, pero esta­mos dis­cutiendo si nues­tras for­mas hoy son viables”.

Las dudas de los rep­re­sen­tantes sindi­cales son múlti­ples: ¿Qué sig­nifica el exper­i­mento? ¡Quién lo pagará?

H.U. Bunger, de la sec­ción sindi­catos de la Fun­dación Friedrich Ebert, tam­bién inter­roga: ¿Qué pasará en el largo plazo? Cuando ya hay un mil­lón de desem­plea­dos adi­cionales, ¿cómo resolver, y sobre qué bases, la política salarial?

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En la agri­cul­tura de la RDA tra­ba­jan ocho mil per­sonas; tal vez sólo la mitad es pro­duc­tiva. Ha empezado la destruc­ción de sec­tores indus­tri­ales –el del car­bón con el argu­mento de la contaminación-​. En la RDA no existe un sindi­cal­ismo como el de los países cap­i­tal­is­tas, ¿cómo hará la RFA para estable­cer políti­cas vin­cu­lantes, ¿cómo se equi­li­brarán los salarios, ¿quién los determinará?

En los pun­tos a dis­cusión de la DGB están estas cues­tiones, inclu­sive la con­ve­nien­cia o no de trans­ferir el sis­tema de con­ve­nios lab­o­rales porque, ahora, en la RFA se dis­cutía su validez; ¿cómo y cuándo se igualará la cal­i­dad de vida, hasta qué punto peligra la relación sindi­catos– ¿Estado, frente a un país donde los sindi­catos eran estatales?

El debate y la anex­ión, según los pre­supuestos de dis­cusión de la DGB, apare­cen en un momento de cri­sis del sindi­cal­ismo alemán, “cuando esta­mos dis­cutiendo la for­ma­ción de un sindi­cato para la mod­ernidad, cuando se ini­ció la batalla de la reduc­ción de jor­nada para abrir nuevos puestos de tra­bajo, cuando los sindi­catos están fuera de lugar y no han dis­cu­tido nuevas tác­ti­cas de afil­iación”, dijo Hocke y agregó que “la gran pre­ocu­pación es la rapi­dez de los acon­tec­imien­tos. Para nosotros sólo queda esperar, porque ya no fun­ciona ninguna lógica”.

Para Warner Foltin, rep­re­sen­tante del sindi­cato del Ser­vi­cio Público en Düs­sel­dorf, las cosas son claras: “Me temo que en la RDA los tra­ba­jadores han sido atro­pel­la­dos, se han destru­ido en unos cuan­tos meses su orga­ni­zación y sus logros sociales y, con el proyecto de la tran­si­ción, no están en condi­ciones de defender esos logros”; para los tra­ba­jadores de la RFA la cuestión de la anex­ión pro­duce tam­bién un debili­ta­miento sindi­cal, “lo que nos pone aler­tas para impedir que se nos ponga entre la espada y la pared”. Los uni­ver­si­tar­ios en el occi­dente están haciendo prepar­a­tivos para enfrentar una nueva política fis­cal, ya que temen que el gob­ierno de Kohl pre­tenda pagar los gas­tos de la anex­ión con nuevos impuestos.

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III• Enfrentan desem­pleo, mar­ginación y pobreza

En la tran­si­ción de la RDA perderán más las mujeres

Sara Lovera, enviada/​III, Berlín, 28 de abril, 1990.- Con la tran­si­ción de un país social­ista a un país de economía de mer­cado, en la RDA las que más tienen que perder son las mujeres.

Unab­hangin­ger– Frauen o Liga Autónoma de Mujeres advierte este peli­gro en carte­les dis­tribui­dos en todo el país y llama a la resisten­cia. En aulas uni­ver­si­tarias, cen­tros de tra­bajo, agru­pa­ciones pop­u­lares, entre los padres de familia y en las igle­sias hacen la resistencia.

Peligra el empleo para 4 mil­lones de ellas; el dere­cho al aborto se está dis­cutiendo, desa­pare­cen las guarderías infan­tiles, las mujeres no están rep­re­sen­tadas en la Asam­blea Leg­isla­tiva, la huida de los hom­bres al occi­dente ha dejado solas a mil­lares en todo el país y más de 800 mil viu­das de la guerra verán reduci­das sus pen­siones al 30 por ciento, cuando se mate­ri­al­ice, final­mente, la unifi­cación monetaria.

En el cuarto piso de la Casa de la Democ­ra­cia, abierta hace 4 meses en uno de los edi­fi­cios del antiguo par­tido de Estado, Petra Wun­der­lid, encar­gada de las rela­ciones inter­na­cionales de la Liga, atiende todos los días a mujeres de la RFA, de Bél­gica, Holanda, Fran­cia o Inglaterra; orga­niza vis­i­tas a las fábri­cas, a los cen­tros infan­tiles, a los cam­pos y a las escue­las. “Esta­mos preparando la plataforma de una Aso­ciación Política que nos per­mita par­tic­i­par en todas las elec­ciones, en todas las activi­dades políti­cas y económi­cas” afirma mien­tras un grupo de vis­i­tantes quiere cono­cer todos los detalles.

Mar­tina Krause, del depar­ta­mento de demografía de la Uni­ver­si­dad Hum­boldt informó que durante la primera sem­ana de abril nació la Orga­ni­zación de Padres y Madres Solos porque han empezado a cer­rar guarderías y medio mil­lón de niños quedarán sin ser­vi­cio antes de julio próx­imo. Se orga­ni­zan en los bar­rios de todas las ciu­dades del país.

En Erfurt, en el sur de la RDA cer­raron una fábrica de focos, por lo que mujeres y niños perdieron empleo y pro­tec­ción, dice Mar­tina al hacer notar que una noti­cia como ésta –de cierre de empre­sas– se conoce todos los días.

Las mujeres en la RDA, antes de los cam­bios tenían muchas garan­tías, aun cuando no habían logrado superar diver­sos gra­dos de dis­crim­i­nación. En la estruc­tura pro­duc­tiva rep­re­senta­ban el 40 por ciento de los tra­ba­jadores; del total de tra­ba­jado­ras sólo el 37.1 por ciento lo hacía en la indus­tria; el 49.1 por ciento en los ser­vi­cios y el 8.3 por ciento restantes en la agri­cul­tura. Su seg­re­gación es muy seme­jante a la de la estruc­tura mundial. La masa salar­ial por tanto sig­nifi­caba para las mujeres el 75 por ciento del salario de los hom­bres. No obstante, el 100 por ciento de los niños asistían a guarderías o escue­las de tiempo ampli­ado para que las mujeres pudieran desar­rol­lar sus activi­dades. Eso ya empezó a cambiar.

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Petra ase­gura que los empre­sar­ios que ini­cia­ron nego­cia­ciones para com­prar empre­sas pro­duc­ti­vas o de ser­vi­cios han puesto como condi­ción que se reduzca la par­tic­i­pación femenina.

La acti­tud de los inver­sion­istas –japone­ses, ale­manes occi­den­tales prin­ci­pal­mente– es muy seme­jante a lo que sucede en la RFA, donde la fuerza pro­duc­tiva femenina es ape­nas del 15 por ciento, muy infe­rior a los prome­dios de países como Esta­dos Unidos, España, Fran­cia o Méx­ico. En la RFA sólo el 3 por ciento de los niños tiene acceso a una guardería y desde que los social­cris­tianos dom­i­nan la escena política existe una cam­paña per­ma­nente para que las mujeres se regre­sen a casa. Aparente­mente esto es así porque el crec­imiento pobla­cional está estancado.

En la RDA, las mujeres empezaron a orga­ni­zarse cuando sin­tieron que debían lograr nuevas reivin­di­ca­ciones. Se opusieron a la edu­cación sex­ista y durante algún tiempo con­sigu­ieron logros. Una mujer podía estar en casa con un niño recién nacido hasta 3 años sin ´perder su lugar de tra­bajo. Las cosas se agudizaron cuando empezó a cre­cer el número de divor­cios. Se con­sid­era que la rup­tura de las pare­jas en la RDA fue la más cuan­tiosa de todo el mundo social­ista. Actual­mente una de cada 3 mujeres está sola con sus hijos y entre los padres el 5 por ciento son solteros.

Tras la mov­i­lización de los gru­pos incon­formes nació en sep­tiem­bre la Liga de Mujeres Autóno­mas, en crítica per­ma­nente a la Liga de Mujeres Democráti­cas, apéndice del par­tido de Estado, que no había logrado la lucha por la ver­dadera eman­ci­pación, informó Petra.

El movimiento fem­i­nista en la RDA durante una primera etapa, se dedicó mucho tiempo al puro análi­sis y a estable­cer con­tacto con los gru­pos que en la RFA durante los años 70 lograron cap­tar a mil­lones de mil­i­tantes. En el este alemán los primeros encuen­tros fueron reprim­i­dos por la Stasi, se pro­hi­bieron sus reuniones que sólo bus­ca­ban darle al cuidado de los niños un signo más inde­pen­di­ente y menos estatal. Más libre, sub­raya la diri­gente y menos estalinista.

Frente a la repre­sión ofi­cial el único espa­cio que lograron fue el de la Igle­sia protes­tante, ese “fue nue­stro techo” mucho tiempo como lo fue para otros muchos gru­pos de oposi­ción: para int­elec­tuales, pobladores, jóvenes y trabajadores.

En la Liga se recuerda que mucho tiempo las mujeres no se plantearon una labor política. Pero en el sur, en Eufurt la cosa prendió y ahí se empezaron a desar­rol­lar activi­dades explíci­ta­mente políti­cas. Cuando surgió la mesa redonda, dice a su vez Tat­jana Bohnn, “ya estábamos preparadas”.

Las man­i­festa­ciones en con­tra del rég­i­men estu­vieron, en los meses de mayor agitación, pro­tag­on­i­zadas por miles y miles de mujeres. Se empezaron a fun­dar gru­pos en todo el país; se des­cubrió que había mujeres mal­tratadas; que el aban­dono de los hom­bres crecía y que había graves prob­le­mas por la doble jor­nada de tra­bajo que las mujeres desarrollaban.

La orga­ni­zación política se fundó en febrero, hicieron una alianza con el Par­tido Verde del Este para par­tic­i­par en la lista elec­toral para la Asam­blea y la orga­ni­zación ofi­cial de mujeres quedó mar­gin­ada. Sin embargo, un error de esa alianza, las obligó a romperla, porque, dijo Petra, “ningún par­tido está real­mente intere­sado en nues­tra problemática”.

Los rápi­dos acon­tec­imien­tos, han mostrado “nues­tra fuerza reducida”. Sin embargo, ahora, en todas las ciu­dades, donde hay reuniones sem­anales, con­gre­sos, asam­bleas que se mul­ti­pli­can, las mujeres hacen la resisten­cia. El dere­cho al aborto tiene 30 años y se quiere lim­i­tar como en la RFA, donde la lla­mada “indi­cación social” para hacer un aborto limita sus posibilidades.

Sí las mujeres par­tic­i­paron por miles en las mar­chas por los cam­bios, ¿por qué ganó la derecha?

Las respues­tas, dijo Petra, son esquizofréni­cas. La cam­paña de los social­cris­tianos incluyó el reparto de plá­tanos y otras fru­tas que durante años no se con­sum­ieron en la RDA. Las mujeres, los tra­ba­jadores, los jóvenes cuando votaron no se dieron cuenta de que sus dere­chos se iban a lim­i­tar en un futuro cer­cano. Aunque tam­bién hay que saber que los par­tidos de derecha, la alianza que ganó en las elec­ciones, tuvo 20 mil­lones de mar­cos como regalo del gob­ierno de la RFA para sus cam­pañas y “nosotros no teníamos casi nada”

Hoy los carte­les se dis­tribuyen; crece la resisten­cia. Las mujeres se for­man en grandes colas para protes­tar por su despido de fábri­cas y comercios.

Para las mujeres de la RFA ha sido todo un des­cubrim­iento las ven­ta­jas que existían que todavía tienen bases jurídicas-​, y ahora quieren lo mismo. Por eso, como no se cal­culó nunca el tema del tra­bajo de las mujeres y el de las guarderías se debate en los medios de comu­ni­cación cotid­i­ana­mente. Los diri­gentes sindi­cales de la DGB, en char­las y entre­vis­tas man­i­fes­taron su gran pre­ocu­pación porque nunca habían con­sid­er­ado la especi­fi­ci­dad lab­o­ral de las mujeres. Los empre­sar­ios cla­man por la desapari­ción del ejem­plo y crece, en la RDA, la cam­paña por la vuelta al hogar.

IV• Incom­pren­si­bles, los votos al social­cris­tian­ismo, dice una militante

Foro Nuevo pedía democ­ra­cia y lib­er­tad, no a la reunifi­cación ale­m­ana ni el capitalismo

Sara Lovera, enviada/​IV, Berlín 29 de abril,1990 . Cristina Rastig es pres­i­denta del Club Schaufen­ster, con sede en la cap­i­tal de la República Democrática Ale­m­ana (RDA), de 46 años y de gusto jazz­ista. Mil­i­tante de base del Nuevo Foro, la mesa redonda que impulsó la caída del viejo rég­i­men, afirma “pen­samos que sí se podía hacer algo, demostrar que se podía pasar de las pal­abras a los hechos y poner en mar­cha un social­ismo democrático. Queríamos elec­ciones libres, las mis­mas que ahora nos derrotaron”.

Madre soltera, maes­tra, reconoce su depre­sión pro­funda: “es cierto que la plan­i­fi­cación cen­tral no fun­cionaba. Es cierto que nue­stro país tenía muchas cuen­tas con la Unión Soviética. Es cierto que en este país no se respeta­ban las leyes, es cierto que la disiden­cia era inad­mis­i­ble y todos estábamos vig­i­la­dos por la Stasi. (policía política). Por eso protes­ta­mos, y por eso hici­mos caer al rég­i­men. Ahora no todo ha ter­mi­nado. Soy optimista”.

La entre­vista se real­iza en el salón de exposi­ciones del Club, abierto con el apoyo del Min­is­te­rio de Cul­tura; Cristina es muy elocuente, durante los silen­cios oblig­a­dos por la tra­duc­ción entris­tece. Explica breve­mente: “No se trata de cam­bios repenti­nos, nues­tra trayec­to­ria es larga, desde hace años gru­pos opos­i­tores trataron de defend­erse con­tra muchas cosas que sucedían en este país. Los prin­ci­pales fueron los int­elec­tuales y artis­tas quienes desde prin­ci­p­ios de 1980 se opusieron al incumplim­iento de las leyes y lucharon por los prin­ci­p­ios social­is­tas. Nos man­i­fes­ta­mos, nos lo pro­hibían, teníamos claro que se trataba de hacer efec­tivos dere­chos con los que se nos formó desde hace 40 años. Nadie habló nunca de anexarnos a la RFA o de bus­car una economía de mercado”.

En los años 70 hubo un aumento a las pen­siones, una reduc­ción de jor­nadas de tra­bajo, real­mente una mejoría. Después las refor­mas ini­ci­adas fueron decayendo y nos incon­for­mamos. Tras la incon­formi­dad llegó la repre­sión. Por una parte, en las empre­sas, brigadas de tra­ba­jadores que en lo teórico sig­nifi­ca­ban la unifi­cación del tra­bajo con la vida pri­vada para lle­gar a un modo social­ista de vivir, en la prác­tica con­trolan a la gente. Se con­tro­la­ban los via­jes al exte­rior, se inves­ti­gaba en el tra­bajo y en la casa; se molestaba a los veci­nos, se acos­aba. Nosotros no estu­vi­mos con­tra el sis­tema, sino de fal­las reparables.

Pero había más. Cristina relata su expe­ri­en­cia, sus temores. Los artis­tas eran suje­tos a realizar obras bajo la idea del dogma ofi­cial: el real­ismo social­ista; en las escue­las los niños sólo conocían par­cial­mente la real­i­dad, todo bajo la direc­ción del Estado. Se negaba el conocimiento y el inter­cam­bio cultura.

En los años 80 causó mucho estu­por el caso de Wolf Bier­mann, un can­tau­tor a quien le pro­hi­bieron can­tar frente al público y fue así como empezamos a tra­ba­jar en forma clan­des­tina. Bier­mann, sin embargo, con­tinu­aba ejer­ciendo su pro­fe­sión. Lo dejaron sin tra­bajo, sin vivienda. A la calle empezaron a salir los int­elec­tuales con el pre­texto de un movimiento de paz que había surgido en los países occi­den­tales de Europa. El tema de la desnu­clearización nos importaba… llen­amos las calles con man­tas, después con deman­das de refor­mas sociales y lib­er­tarias. El 9 de noviem­bre estábamos felices –la madru­gada de la aper­tura del Muro– pero a nadie se le ocur­rió hacer un proyecto económico, social y político capaza de darle sal­ida a la rev­olu­ción que estábamos haciendo.

Con la anex­ión en puerta, Cristina reflex­iona: sólo queríamos hacer efec­tiva la frase de Rosa Lux­em­burgo: “La lib­er­tad tam­bién es la lib­er­tad de los que pien­san de otra man­era” y la frase la repro­du­ji­mos en man­tas y carte­les. Eso no sig­nifi­caba querer anexarnos al mundo cap­i­tal­ista. Muchas veces tomamos las frases de nue­stros políti­cos; queríamos quitarle a la RDA los ras­gos estal­in­istas que todavía esta­ban vivos. Queríamos refor­mas económi­cas y políti­cas para con­tin­uar. Durante las mar­chas muchos fueron detenidos y encarcelados.

El fin de la fun­dación del Foro Nuevo y después de la Mesa Redonda era democ­ra­ti­zar al Estado.; por eso, admite, la anex­ión ha cau­sado una depre­sión colec­tiva; los votos al social­cris­tian­ismo nadie los entiende sino como una reac­ción deses­per­ada y la creen­cia de que había que destru­irlo todo. Mien­tras aquí hacíamos el cam­bio, miles de per­sonas cruz­a­ban la fron­tera, huían, mostra­ban su deses­peración porque se creía que la línea dura tri­un­faría y nada podría hac­erse. La cuestión no era por qué la gente se qued­aba, sino por qué se iba. No creían en una per­spec­tiva, 40 años después de que se impuso, desde fuera, un régimen.

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Cristina cuenta que al Nuevo Foro se unieron muchos movimien­tos, apoy­a­dos por la igle­sia protes­tante. El movimiento, que iba lenta­mente cre­ciendo, de pronto fue mayús­culo. Las cosas empezaron a des­gra­narse ráp­i­da­mente; la tele­visión occi­den­tal era cap­tada por la población y ahí la gente estaba al tanto de lo que sucedía en Polo­nia, en la URSS, en Checoslo­vaquia. Los dis­cur­sos crecieron. Es curioso recor­dar que la frase “abrir el muro” se mate­ri­al­izó 15 min­u­tos después de una trans­misión tele­vi­siva. Pun­tu­al­iza: “Hay que saber que el movimiento de los int­elec­tuales siem­pre se enfrentaba a la vio­len­cia ofi­cial a través de la no vio­len­cia. En Berlín se for­maron cade­nas humanas frente a la emba­jada de la URSS; se prendieron velado­ras en protesta y cuando se acer­caba el 40 aniver­sario de la fun­dación de la RDA y a todo estaba hecho: Gor­ba­chov advir­tió a Honecker lo que tenía que hacer, dijo en sola frase: Al que llega tarde, la vida lo castiga.

Las mar­chas más grandes sucedieron en Berlín y Leipzig, final­mente se abrió el muro, a pesar de que la gente nunca se man­i­festó por la aper­tura del muro y menos por la reunificación.

Luego, dice desmor­al­izada, sigu­ieron las prome­sas. No se podía detener a la gente. Lo impor­tante era que reac­cionara el gob­ierno, que cediera el poder, el gob­ierno se equiv­ocó y abrió el muro.

El Foro Nuevo fue rebasado por la rapi­dez de los acon­tec­imien­tos. Con la aper­tura del muro lle­garon los políti­cos de la RFA, hablaron de reunifi­cación, se pro­nun­cia­ron por la economía de mer­cado, sub­sidiaron la cam­paña política, con 20 mil­lones de mar­cos y car­ros car­ga­dos de plá­tanos que no con­sumíamos hace años, prometieron mar­avil­las. Los políti­cos de Kohol desplazaron su cam­paña elec­toral a la RDA; empezaron a lle­gar los empre­sar­ios, empezaron a ver que aquí había empre­sas que no servían a sus intere­ses y otras muy prom­ete­do­ras. El dis­curso ofrecía: “En cinco años se alcan­zará el nivel de vida de Ale­ma­nia Occi­den­tal”. Eso todavía es una promesa en el vacío, porque aquí no hay ham­bre ni mar­ginación social.

Para explicar el fondo de la reac­ción de la gente, esa con­fi­anza desme­dida en los políti­cos de la RFA, Cristina admite que los más grave es que la gente nunca se pudo iden­ti­ficar con este Estado, pro­ducto de la ocupación.

Frente al futuro, Cristina tiene un solo temor de fondo: durante mucho tiempo, afirma, hubo una dis­cusión sobre cómo hacer la reunifi­cación o cómo no hac­erla, tratando de evi­tar cualquier alusión al fas­cismo. Esto fue un grave error. Ahora, a seis meses de la caída del muro la gente no ha tenido tiempo para reflex­ionar, para prepararse, hubo elec­ciones pre­cip­i­tadas, ráp­i­das, la gente votó asus­tada, sin cos­tum­bre por opciones conc­re­tas. Pero hay indi­cios de xeno­fo­bia, hay neo­fas­cismo y una Ale­ma­nia fuerte y grande, asusta a cualquiera. La alianza social­cris­tiana, que ganó con gran ven­taja las elec­ciones, ten­drá ahora que respon­der por esto.

V• Wal­traud Falk, ex direc­tora universitaria

Los teól­o­gos ele­girán el rumbo de la uni­ver­si­dad en la RDA

Sara Lovera, enviada/​V, Berlín, 1 de mayo,1990.-En las calles de Berlín ori­en­tal la gente mira cómo nace la pri­mav­era, la fiebre de refun­dación de la “nueva patria” empieza a disi­parse. Se debilita poco a poco la algar­abía que pro­dujo la caída del muro.

Tras cada fachada de una vivienda hay una inqui­etud inde­scifrable. Todo se deses­truc­tura, cam­bia. Los estu­di­antes están de vaca­ciones mien­tras la cúpula decide cómo será den­tro de algunos meses la vida en la Uni­ver­si­dad de Hum­boldt, nacida hace 175 años. La primera demanda es man­tener su autonomía.

En el edi­fi­cio cen­tral, el 9 de abril pasado Wal­traud Falk dispone su último día como direc­tora de la Fac­ul­tad de Cien­cias Sociales. Ya tiene el cabello cano y no recuerda en qué momento comenzó a recono­cer sus errores, “los de todos, los de los social­is­tas que nos neg­amos a recono­cer las fal­las del sis­tema, los que no oímos que eran nece­sarias las refor­mas económi­cas en 1980, las políti­cas en 1985, los que todo jus­ti­fi­camos en nom­bre de un sis­tema que ahora resultó falso. Fuimos intolerantes”.

Burócrata del par­tido de Estado, pro­fe­sora de la Hum­boldt desde 1956, econ­o­mista de car­rera, doc­tora en his­to­ria “yo sabía, como muchos otros que esto ya no tenía sen­tido. Ahora sabe­mos que el 50 por ciento de la población será con­sid­er­ada mar­gin­al­izada en muy poco tiempo. Mi hija es inge­niera, gana 700 mar­cos, mi hijo, en el momento del cam­bio de mon­eda ganará 600 mar­cos. Esta gente ya no podrá con­struir una vida”.

La mujer de más de un 1.70 met­ros de estatura, se dobla ante la real­i­dad: “Se va fun­dar un solo min­is­te­rio: Edu­cación Cien­cia, Mujer, Familia y Asun­tos Sociales, lo va a diri­gir T. Eve­lyn, el pas­tor evan­ge­lista más reac­cionario que se conozca en la RDA y eso nos con­ducía a lo imprevisible”.

Trata de expli­carse: “Hay una posi­bil­i­dad. El nuevo rec­tor en la Hum­boltd, J. Fuik, es un teól­ogo recono­cido, no pertenece a ningún par­tido político y ha sido el primero en desechar la idea de reunificar a las uni­ver­si­dades de Hum­boldt y Libre de Berlín, porque ello lle­varía al caos. El hom­bre, es cierto, tiene val­ores cris­tianos, pero no ide­ológi­cos, sin embargo, luchará por desar­rol­lar la autonomía y un nuevo per­fil para nues­tras uni­ver­si­dades y sus 12 mil estudiantes”.

En la ofic­ina uni­ver­si­taria todo queda igual, cómo si la señora Falk fuera a regre­sar al día sigu­iente. Son­ríe nerviosa mien­tras se hace la tra­duc­ción de sus reflex­iones: “Hasta hoy y desde 1945 la Uni­ver­si­dad de Hum­boldt y todo el sis­tema educa­tivo respondieron a la plan­i­fi­cación cen­tral de la economía. Los estu­di­antes ahora quieren otra cosa, autonomía y nuevos conocimien­tos rela­ciona­dos con el establec­imiento del sis­tema cap­i­tal­ista que se empezó a implan­tar ya. La entrada a esta uni­ver­si­dad fue muy restringida, todo depen­derá ahora de deci­siones políticas”.

Empezaron a desa­pare­cer las becas. Antes cada estu­di­ante era becado y recibía mate­ri­ales de tra­bajo, libros y dis­ci­plina. Había una relación estrecha maestro-​alumno. Ahora los teól­o­gos dirán cómo será la enseñanza. Muchos mae­stros ya han huido a Occi­dente, y eso tam­bién es un prob­lema a resolver”.

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El atraso en la economía del país –con­tinúa– empezó a medi­a­dos de los años 70, tras un repunte muy impor­tante y después del impulso que hubo en 1968 por cam­biar algu­nas cosas. En 1980 se pro­pusieron refor­mas que no se escucharon, la cúpula del par­tido con­sid­eró que no era el memento; la cri­sis –sólo la económica– apare­ció descar­nada en 1985; el gob­ierno abrió las puer­tas al tur­ismo, pero con­tinuó pro­te­giendo total­mente la economía interna. En la RDA se pro­duce hasta lo más ele­men­tal, con el pre­texto de no afec­tar a los países del Ter­cer Mundo. Muchas indus­trias no ten­drán capaci­dad de sobre­viven­cia. Si el acuerdo mon­e­tario es de 2 por uno, toda la economía de la RDA se ven­drá abajo”.

La cuestión política e ide­ológ­ica es mucho peor, explica. El sis­tema social­ista en la RDA fue impuesto por las fuerzas de ocu­pación soviéti­cas al tér­mino de la Segunda Guerra, “mucha gente sin­tió que el sis­tema era falso”, descono­ciendo la lucha histórica de los comu­nistas ale­manes y este sen­timiento fue lo que accionó durante las elec­ciones de marzo pasado y las fal­sas prome­sas del oeste.

Lo cierto es que el con­trol político, primero de los nazis y después de nue­stro sis­tema, “impidió a nues­tra gen­eración saber algo sobre democ­ra­cia. A pesar de que muchos, aún todavía, man­ten­emos firmes nues­tras ideas y prin­ci­p­ios social­is­tas, por lar­gos años no reflex­ion­amos sobre lo que estaba pasando. Tras la guerra la lucha era por sobre­vivir, la gente creyó en algo, con­struyó algo, creí­mos en el social­ismo. Ahora luchamos por elec­ciones libres, es triste pen­sar que no volver­e­mos a votar, si como todo parece, la anex­ión es irrefrenable”.

Ahora es difer­ente, dice mirando hacia sus inter­locu­toras. “Ya no puedo recor­dar cuando empecé a acep­tar mis errores. Entré al par­tido en 1946, dos años después mi padre, acu­sado de socialdemócrata, fue apre­sado por los soviéti­cos y reclu­ido un año. Yo seguí en el par­tido. En 1964 mi esposo fue reprim­ido y sacado de la uni­ver­si­dad por haber invi­tado a Havel­man –el ideól­ogo de oposi­ción en los años 60– y se fue a la Acad­e­mia de Cien­cias. Ambos, sin embargo, con­tin­u­amos en el partido”.

Del mismo modo ocul­ta­mos, bor­ramos de la memo­ria lo que hicieron con nue­stros famil­iares y ami­gos que dis­en­tían. Olvi­damos lo que hicieron con ellos los rusos, en los mis­mos cam­pos donde antes hicieron lo mismo los fascis­tas. En mi pueblo conocíamos el campo Sach­sen­hausen, fascista primero, ruso después. Pero nadie hablaba de él. El campo existe, es de la Stasi (la policía sec­reta del rég­i­men en extin­ción) nadie había querido saber o decir nada sobre él. Mucho tiempo fuimos cobardes, no escuchamos a Brecht, no escuchamos a la his­to­ria. Esto nos llevó al cambio”.

Ahora –prosigue– que aprendi­mos a gri­tar ya no nos callare­mos”, ase­gura la pro­fe­sora al recono­cer que la anex­ión y el ingreso acel­er­ado de la RDA al mundo cap­i­tal­ista traerá nuevas der­ro­tas “pero tam­bién nuevas luchas. Hemos empezado ape­nas a darnos cuenta que ini­ci­amos con retraso. Atrás de la RFA, como un país pequeño y pobre frente a ello, como una comarca, otra vez ocu­pada. Perder­e­mos los logros, a pesar de todo, los logros del social­ismo: la seguri­dad, el empleo, la pro­tec­ción a la niñez, pero ahora lo sabemos”.

Para la señora Falk la respon­s­abil­i­dad la tiene hoy la igle­sia protes­tante, porque bajo su techo se hizo toda la mov­i­lización social y política que acabó con el rég­i­men. Sus rep­re­sen­tantes, dijo, están asus­ta­dos, ahora ellos están diciendo, frente al caos, que el Estado no debe perder su cara”. Pero, se pre­gunta ¿quién los detendrá’, refir­ién­dose a la nueva alianza gubernamental.

VI• Checar Ale­ma­nia Fed­eral no tol­er­ará inflación, advierte Voy

Dec­re­tan las dos Ale­ma­nias una reval­u­ación del marco oriental

Peligrará el nivel de XX si no se redis­tribuye la riqueza

Sara Lovera, enviada/​VI, Berlín, 2 de mayo 1990.- El marco alemán –occi­den­tal– se colocó desde hace 20 años como una de las mon­edas más fuertes del mundo. Esa esta­bil­i­dad está ahora en peli­gro, porque se tomó la decisión política de hacer la unifi­cación con la república Democrática Ale­m­ana (RDA) y esto es un error. La sociedad ale­m­ana no per­mi­tirá ni un décimo de inflación y se perderá la con­fi­anza de los ahorradores.

Klaus Voy, econ­o­mista occi­den­tal y coau­tor de un doc­u­mento que fir­maron en febrero econ­o­mis­tas de todos los sig­nos y el Banco Cen­tral con­tra la unifi­cación mon­e­taria, explica los peli­gros de la medida que con­tinúa en discusión.

La unidad mon­e­taria “fue ven­dida” a la RDA como la mejor man­era de vivir exce­lente, Pero eso “es una ilusión” que sería posi­ble sólo si el gob­ierno de Kohl fuera capaz de comen­zar la redis­tribu­ción de la riqueza en serio. Lo que está detrás no es, según su opinión, más que la política del poder y en ello ahora están de acuerdo todas las cor­ri­entes y par­tidos políticos.

La situación es tan falsa que es la primera vez, desde que ter­minó la guerra, que el Banco Cen­tral se dis­ci­plina frente a una medida política. El peli­gro es que bajará el nivel de vida para todos. Los primeros afec­ta­dos serán los habi­tantes de la RDA, después “nosotros”.

No es difí­cil com­pro­bar lo que Voy señala. En la República Fed­eral Ale­m­ana (RFA) el nivel de vida es muy alto. Los salarios prome­dio –5 mil mar­cos men­su­ales, aprox­i­mada­mente 3 mil 500 dólares-​, garan­ti­zan que cada año hasta 5 mil­lones de famil­ias ale­m­anas vis­iten España y otro mil­lón salga de vaca­ciones a Gre­cia, los países del Este o América.

En las calles puede encon­trarse sin difi­cul­tad con­tin­u­a­mente mue­bles y aparatos elec­trodomés­ti­cos en per­fecto estado, con­sid­er­a­dos por los habi­tantes como dese­cho; la moda es la más cara y sofisti­cada de toda Europa y mien­tras más cre­cen los recur­sos, la población se mantiene estable desde hace 20 años.

La indus­tria de la RFA es muy fuerte y mil­lonar­ios cap­i­tales salen con­stan­te­mente hacia el exte­rior a pro­ducir a muy bajos cos­tos. Tres mil­lones de desem­plea­dos viven del seguro de desem­pleo o de la ayuda social; sólo en Berlín los 32 mil estu­di­antes uni­ver­si­tar­ios tienen becas para realizar estu­dios en el exte­rior, y la pos­esión prome­dio de automóviles es de tres por familia.

Una sociedad acos­tum­brada a no tener casi nada de inflación en los últi­mos 15 años, “no sopor­tará ni un décimo” y se opon­drá vio­len­ta­mente al aumento de los impuestos –que ya son altos-​, comentó el economista.

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Antes de diciem­bre, afirmó, si las cosas con­tinúan “habrá que empezar a bus­car cul­pa­bles”. Lo más grave es que se deses­ta­bi­lizará el mer­cado y esto tam­bién ten­drá reper­cu­siones en toda Europa.

Una posi­bil­i­dad es que el Banco Cen­tral decrete la esta­bil­i­dad de la mon­eda y no se aumenten los intere­ses. Los empre­sar­ios esperan que la RDA sea un gran mer­cado, lo que ayu­daría al aumento de la pro­duc­ción. Sin embargo, lo que suced­erá será una catástrofe en la RDA y ¿quién la pagará?, se pre­gunta, porque, y agrega, las difer­en­cias son muy grandes.

Si el cam­bio del marco con la RDA es de uno a uno, la esta­bil­i­dad en la RFA no se perderá. Sin embargo, al bajar los salarios allá, provo­cará la sal­ida con­tinua de tra­ba­jadores tras el espe­jismo y cre­cerán los desempleados.

Los prob­le­mas prin­ci­pales a que se enfrenta el pro­ceso de unifi­cación mon­e­taria y política son: primero un pro­ceso de derechización irrefren­able; la difer­en­ciación social que casi había desa­pare­cido y el desem­pleo: habrá en diciem­bre votos para la derecha y lo peor, dice “será para los proletarios”.

Voy señala que junto con esta situación la política neolib­eral de desreg­u­lación, que en Europa encabezó Inglaterra, para Ale­ma­nia plantea nuevos prob­le­mas. Tras la guerra, la política de pro­tec­ción de la pro­duc­ción y el mer­cado garan­tizó no sólo la recon­struc­ción, sino un crec­imiento sostenido, tanto que “somos ricos”, pero la aper­tura, la repri­va­ti­zación, la lib­er­al­ización de arance­les y ahora la com­pra de la RDA, hacen una com­bi­nación insoportable.

Teníamos paz económica” ter­cia Mar­i­ane Braig, una paz rota desde hace seis meses; la incer­tidum­bre es la que pagará estos cambios.

Los salarios en la RDA y los pre­cios no tienen­ninguna relación con la RFA; habrá que reestruc­turar la indus­tria, el com­er­cio y el con­sumo en muy poco tiempo, no sin antes dese­qui­li­brar la vida de los ale­manes de ambos países.

Los sec­tores más débiles de la economía en la RDA son el trans­porte, la elec­t­ri­ci­dad; la comu­ni­cación, cuyo retraso tec­nológico requerirá de fuertes inver­siones. La restruc­turación más impor­tante es la energía basada en el car­bón, lo cual ten­drá que desa­pare­cer porque hay zonas amplias de alta con­t­a­m­i­nación que están poniendo en peli­gro la vida de muchas per­sonas. Durante mucho tiempo en la RDA se negaron a depen­der del petróleo.

La indus­tria química, una de las bases económi­cas en la RDA, no tiene per­spec­ti­vas; la estruc­tura de la indus­tria es muy pare­cida a la de los años 50; existe un atraso en la elec­trónica y sin embargo tiene amplias per­spec­ti­vas en la con­struc­ción de maquinaria.

Adi­cional­mente en la RDA exis­ten prob­le­mas de cal­i­fi­cación de mano de obra, lo que puede ser reg­u­lado en poco tiempo, porque exis­ten buenos inge­niero. Pero todo el rea­juste nece­si­tará cunado menos 10 años.

Como Voy los espe­cial­is­tas en cues­tiones económi­cas de la Con­fed­eración ale­m­ana de Sindi­catos han puesto en tela de juicio las medi­das políti­cas del gob­ierno de la RFA.

La aper­tura del muro para los berli­ne­ses del Este ya pro­dujo los primeros desas­tres: empezó la escasez de algunos ali­men­tos y sus fon­dos se están deval­u­ando día a día con la espec­u­lación del cam­bio que ya se impone en toda la línea fron­ter­iza: no de uno a dos como pro­pone Kohol, sino de uno a cinco, como puede com­prarse el marco de la RDA en cualquier entrada fronteriza.

Fuente: Sem Mexico

Pub­li­cación: Leti­cia E. Becerra Valdez

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La caída del Muro de Berlín, a 30 años de dis­tan­cia
noviem­bre 9, 20190

Esta inda­gación peri­odís­tica no habría sido posi­ble sin el apoyo de la Fun­dación Friedrich Ebert y la coop­eración deci­siva de Isabel Basterra, Eliz­a­beth Klose, Mar­i­ane Braig y Peter Stho­randt por sus ori­enta­ciones y tra­duc­ción de char­las, entre­vis­tas y son­deos en ambas Alemanias.

I. Vienen tiem­pos de efer­ves­cen­cia, dicen observadores

RDA: la inse­guri­dad social ante­cede a la reunificación

Junto con los prob­le­mas económi­cos y políti­cos resurge el temor al pasado

Sara Lovera, envi­ada /​I, Berlín, 26 de abril 1990.- Un mil­lón de des­ocu­pa­dos, mujeres prin­ci­pal­mente; la pér­dida del 50 por ciento del salario para 8 mil­lones de tra­ba­jadores; inflación, inesta­bil­i­dad política y des­man­te­lamiento de la pro­tec­ción social para niños y ancianos, son las primeras con­se­cuen­cias para 16 mil­lones de habi­tantes de la República Democrática Ale­m­ana a propósito de su acel­er­ada anex­ión al oeste germano.

Klaus Voy, econ­o­mista occi­den­tal, prevé antes de diciem­bre de este año, a esca­sos 12 meses de la caída del Muro, “una catástrofe social” de con­se­cuen­cias imprevisibles.

Dieter Hocke, jefe de política estruc­tural de la Con­fed­eración Ale­m­ana de Sindi­catos (DGB), fue más drás­tico, cuando en su despa­cho de la ciu­dad de Düs­sel­dorf afirmó: “ten­emos temor fun­dado de efer­ves­cen­cia social” porque “no sabe­mos quién pagará una decisión política equiv­o­cada y pre­po­tente sobre la que nadie nos pre­guntó”, y cuyo costo será supe­rior a los 20 mil mil­lones de marcos.

Y, advir­tiendo que tal vez suene a cin­ismo, agregó: “no habrá ham­bre ni frío para nadie, pero pronto ten­dremos gente viviendo debajo de los puentes, y una fuerte com­pe­ten­cia en pos de un puesto de trabajo”.

La seguri­dad social ante­cede a la reunificación

La unidad mon­e­taria y las bases para la anex­ión fijadas en el artículo 23 de la Con­sti­tu­ción de la República Fed­eral de Ale­ma­nia se for­malizará en julio próx­imo, aunque en toda la zona fron­ter­iza, prin­ci­pal­mente la de esta ciu­dad, ya se vive, y las difer­en­cias visuales de Este y Oeste empiezan a bor­rarse. Sólo la moda hacía esa diferencia.

En las calles de las ciu­dades más impor­tantes de la RFA, 300 mil ale­manes de la RDA bus­can una vida nueva desde la caída del Muro; han lle­gado por Aus­tria al sur de Ale­ma­nia, a Bonn, a Frank­furt y Ham­burgo, con esper­anza; los emi­gra­dos –se cal­cu­lan en 2 mil­lones– viven en casas de asis­ten­cia en Baviera; en bar­cos en desuso en Düsel­dorff; en casas sociales en Ham­burgo o en los bar­rios de Berlín durante el día, y en casas aban­don­adas del Este por la noche; en las aceras de la estación Zoológico del sub­ter­rá­neo de Berlín se cam­bian mar­cos ori­en­tales a 5 por uno occi­den­tal, a plena luz, para com­pras masi­vas en el Este de libros y cámaras fotográ­fi­cas, incluso de ali­men­tos, entradas al teatro y con­sumo de cerveza y en las zonas del bar­rio de Krenzberg –el de los extran­jeros de Berlín Occi­den­tal– la pros­ti­tu­ción ale­m­ana com­pite sin mucho éxito con la que ofre­cen a mitad de pre­cio las ciu­dadanas polacas.

Para Mar­i­ane Braig, del Insti­tuto de Estu­dios Lati­noamer­i­canos de la Uni­ver­si­dad Libre de Berlín, sub­y­ace el miedo, no sólo por la rup­tura de la paz económica con­stru­ida lenta­mente durante cua­tro dece­nios, sino por el renacimiento de la cuestión ale­m­ana: el poder y la glo­ria como divisa del hor­ror europeo y mundial empieza a flo­re­cer, afirma, y agrega que de ello ningún político habla aquí.

Lo cierto es que en las calles de Berlín Ori­en­tal ya pasean, sin ocul­tarse, jóvenes neon­azis de pelo rapado y chamarra negra, igual que lo hacen las mili­cias de Esta­dos Unidos. El temor es fundado.

Al otro lado de esta vieja cap­i­tal del Reich, Peter Voll­man, del Par­tido del Social­ismo Democrático, recién nacido –el antes gob­er­nante Par­tido Social­ista Unifi­cado de Ale­ma­nia (PSUA)-, recono­ció que ha empezado el cierre de empre­sas, la elim­i­nación de puestos de tra­bajo de mujeres, y durante las primeras dos sem­anas de abril se lle­varon a cabo en Dresde y Leipzig man­i­festa­ciones hasta de un mil­lón de per­sonas en defensa de los dere­chos sociales. Se ha empezado a des­man­te­lar un espe­jismo que dio a la alianza cris­tiana el tri­unfo de las elec­ciones de marzo, porque las prome­sas del can­ciller Hel­mut Kohl no se están cumpliendo. Ofre­ció pari­dad mon­e­taria y ahora la reduce a la mitad; ofre­ció el acceso al mismo nivel de vida y eso va a tar­dar. Voll­man ase­guró que se quería un cam­bio hacia ade­lante, pero eso fra­casó, y ahora, dice, “nosotros ya no podemos influir frente a lo que sucede real­mente”. El PDS quedó fuera del gobierno.

En el Este berlinés han sido aban­don­adas 24 mil vivien­das, subió 4 veces el pre­cio del café y se abrieron com­er­cios occi­den­tales que ya no acep­tan “nues­tra mon­eda”. En la RFA, antes de la caída del Muro, un alemán del Este lograba de inmedi­ato, por ley, pas­aporte, ayuda social y vivienda; en muchas oca­siones, trabajo.

Lo cierto es que al sur de la RDA los cam­pos de car­bón peligran, y con ellos 600 mil mineros y sus famil­ias, que quedarán sin empleo y sin medios de sobre­viven­cia; en el cen­tro indus­trial de la química en Ros­tock, la más impor­tante del país ex social­ista, los cap­i­tal­is­tas han empezado a com­prar plan­tas y a imponer sus reglas sin defensa o prop­uesta sindi­cal: 100 mil tra­ba­jadores depen­den de esta indus­tria; a 60 kilómet­ros de la fron­tera con Aus­tria está ya insta­l­ada una planta auto­motriz de la Gen­eral Motors que va a com­pe­tir con la indus­tria auto­motriz de la RFA en cos­tos de mano de obra, pro­duc­ción, orga­ni­zación del tra­bajo y presta­ciones, y todavía nadie había reflex­ion­ado sobre ello; la empresa Zeiss –líder en pro­duc­ción fotográ­fica y óptica– ya ha entrado en nego­cia­ciones para obtener sim­i­lares empre­sas en la RDA, sin pro­tec­ción lab­o­ral, fis­cal o financiera alguna.

Los efec­tos del cam­bio se basan en una real­i­dad no dis­cutible para el frío análi­sis económico: en la RDA –primer país fuerte en el Este, después de la Unión Soviética, en cuestión económica-​, se pro­duce a un ritmo infe­rior al 50 por ciento respecto de la RFA; los ser­vi­cios están sub­de­sar­rol­la­dos; 10 por ciento de los 8 mil­lones de tra­ba­jadores son des­ocu­pa­dos silen­ciosos porque no tienen mate­ria de tra­bajo real. La mayor ine­fi­cien­cia se encuen­tra en la dis­tribu­ción de mate­ri­ales de tra­bajo; hace años se par­al­izó la indus­tria de la con­struc­ción; la sanidad pública es ine­fi­ciente y las enfer­medades de los tra­ba­jadores pro­ducen ausen­tismo y abulia.

En la RDA existe una poten­cia mil­i­tar 4 veces supe­ri­ora la de la RFA, que ahora resulta exce­siva; una parte del ejército ya fundó una aso­ciación para la defensa de su empleo, el 90 por ciento de las mujeres en edad lab­o­ral lo hacen en puestos impro­duc­tivos o innece­sar­ios según la visión occi­den­tal “aunque real­mente no los cono­ce­mos ni podemos con­fiar en las estadís­ti­cas ofi­ciales”, reflex­iona Dieter Hocke.

Los inver­sion­istas han lan­zado a la calle a miles de mujeres durante los primeros 90 días de este año; la indus­tria de la con­fec­ción no tiene perspectivas,porque la moda se hace en la RFA, y las grandes empre­sas se han ubi­cado en países per­iféri­cos donde resulta más barata la mano de obra y, para colmo, el sindi­cal­ismo de Estado se encuen­tra mori­bundo, sin la con­fi­anza de los tra­ba­jadores e igno­rante de las téc­ni­cas y la forma de la nego­ciación colec­tiva frente a sus nuevos patrones capitalistas.

La unidad mon­e­taria, a la que econ­o­mis­tas de todos los sig­nos se opusieron antes de las elec­ciones del 18 de marzo, sig­nifi­cará de man­era automática la pér­dida de poder adquis­i­tivo en un 50 por ciento, no sólo por un cam­bio de mon­eda de uno por dos, sino porque los salarios para los pre­cios de la RFA no alcan­zarán para obtener ni lo más ele­men­tal: el trans­porte público en la RDA cuesta 20 cen­tavos, en la RFA 2 mar­cos 70; el pan cuesta 50 cen­tavos, en la RFA 2 mar­cos cin­cuenta; la leche 60 cen­tavos; la renta de una casa 80 mar­cos men­su­ales, en la RFA mín­imo mil; los libros cues­tan el 10 por ciento de lo que valen en la RFA; la carne un marco 25 cen­tavos y en la RFA 11 mar­cos; ello para no hablar de los pre­cios de la energía o de la gasolina; de los ser­vi­cios tele­fóni­cos o del teatro y la ópera. En el Este de esta ciu­dad ya empiezan a escasear los ali­men­tos bási­cos y los com­er­ciantes del Oeste han puesto com­er­cios y cobran en mar­cos occidentales.

Las pen­siones para los ancianos se reducirán automáti­ca­mente al 30 por ciento, y los ahor­radores tam­bién perderán si no se logra un acuerdo equi­tativo en las próx­i­mas semanas.

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La unidad mon­e­taria, cuando se dé, hará que la real­i­dad sea mucho peor, porque las difi­cul­tades de arreglo y equi­lib­rio atraviesan toda activi­dad económica y com­er­cial. Aún no hay arreglo.

Los pro­gra­mas de asis­ten­cia social han empezado a desa­pare­cer: lo más grave es en cuanto a las guarderías infan­tiles, donde 500 mil niños perderán su sitio antes de julio y las madres solas, una de cada 3 en la RDA, no ten­drán dónde dejar­los. Este es un asunto que ha orig­i­nado 30 dis­cu­siones en pro­gra­mas de tele­visión en las últi­mas sem­anas y las mujeres empezaron a orga­ni­zar la resisten­cia a través de una liga de gru­pos autónomos.

La anex­ión no era lo que se bus­caba, contó en una entre­vista Cristina Rast­ing, inte­grante de base del Nuevo foro, grupo con­for­mado por int­elec­tuales que se incon­formó con la buro­c­ra­cia y el sis­tema, y que pro­puso sólo la reforma del Estado y un nuevo social­ismo democrático, pero que sólo obtuvo el 1.9 por ciento de las vota­ciones de marzo.

II• Pre­vén sindi­cal­is­tas la peor cri­sis obrero-​patronal

Pagarán tra­ba­jadores ale­manes los cos­tos de la reunifi­cación• Temen uni­ver­si­tar­ios que Hel­mut Kohl aumente los impuestos

Sara Lovera, enviada/​II, Berlín, 27 de abril, 1990. La demanda de una jor­nada sem­anal de 35 horas, encabezada por el Sindi­cato (DGB), con sede en Frankfurt-​, podría con­ducir en las próx­i­mas sem­anas a huel­gas en cadena y al primer gran enfrentamiento de los tra­ba­jadores con el gob­ierno ger­mano fed­eral y los empre­sar­ios, desde que ter­minó la guerra.

El gob­ierno y los empre­sar­ios están ahora más ocu­pa­dos en inver­tir hasta 20 mil mil­lones de mar­cos en el proyecto de la anex­ión de la República Democrática de Ale­ma­nia; ésta se hace sobre la mar­cha cuando se nece­si­tarían por lo menos cinco años “para no lesionar a nadie”. Pero políti­cos y cap­i­tal­is­tas pare­cen no escuchar los reclamos obreros.

La DGB, según una docena de sus diri­gentes, inclu­ido uno de los sec­re­tar­ios adjun­tos de la orga­ni­zación, con­sid­era que se atro­pelló a los tra­ba­jadores de ambas Ale­ma­nias; no exis­tió dis­cusión alguna y el acuerdo de los par­tidos políti­cos gob­er­nantes, inclu­i­dos la socialdemoc­ra­cia y el nuevo gob­ierno de la RDA, ha lle­vado los acon­tec­imien­tos tan ráp­i­da­mente que no ha sido posi­ble reflex­ionar. Ape­nas en mayo, la DGB realizará un con­greso para definir su posición.

Hel­mut Schauer, encar­gado de la política salar­ial del Sindi­cato del Metal, y Rudi Welz­muller, del Depar­ta­mento de Economía de la misma orga­ni­zación, expli­caron las difi­cul­tades de una unifi­cación que, desde su punto de vista, pagarán los tra­ba­jadores de ambas Alemanias.

Admiten que exis­ten recur­sos para pagar la inver­sión que hará de los 16 mil­lones de habi­tantes de la RDA, ciu­dadanos fed­erales, con el mismo nivel de vida y presta­ciones que hay en la RFA. Pero hay problemas.

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En Ale­ma­nia Fed­eral hay tres mil­lones de des­ocu­pa­dos y unos seis mil­lones de pobres, hay una larga dis­cusión respecto al abastec­imiento de la energía que se importa de las plan­tas nucleares de Fran­cia, el Sindi­cato del Metal perdió 25 mil afil­i­a­dos después de la cri­sis siderúr­gica y hay escasez de mano de obra cal­i­fi­cada para las empre­sas de las nuevas cade­nas pro­duc­ti­vas. Adap­tar la política económica a la nueva real­i­dad gen­er­ada por la caída del rég­i­men de par­tido de Estado en la RDA “no es cosa que pueda ocur­rir de la noche a la mañana, pero el gob­ierno de Kohl no quiere dis­cu­tirlo”. Además, “les están haciendo un atro­pello a los ori­en­tales”. Lo mejor sería esperar o for­mar una confederación.

Para Welz­muller, la prop­uesta acel­er­ada de igual­dad mon­e­taria “no fun­cionará”, porque la unión ten­dría que ir acom­pañada por medi­das de política económica para com­pen­sar las inver­siones y garan­ti­zar una per­spec­tiva con­fi­able. Hasta ahora “no cono­ce­mos un pro­grama de com­pen­sación” y, al mismo tiempo, podemos pre­ver una nueva emi­gración; la habida de agosto a marzo fue de casi 300 mil ciu­dadanos de la RDA y, desde la aper­tura “turís­tica” y la época de repre­sión en la RDA –hace dos años-​, han lle­gado al país dos mil­lones de ger­manori­en­tales, cien mil pola­cos y miles de hún­garos bus­cando trabajo.

Las cosas son mucho más com­pli­cadas, advierte, “porqué, para­le­la­mente, nue­stro gob­ierno tra­baja acel­er­ada­mente en el proyecto de la unidad económica euro­pea, pre­vista para 1992” y antes de dar pri­or­i­dad a una u otra cosa “quiere, como se dice matar dos moscas con la misma raqueta”; ello hace pen­sar en un peli­gro político aparente­mente no calculado.

Lo peor es que la tran­si­ción podría enfrentarse con un sindi­cal­ismo fuerte en la RFA, “que no existe”; con sol­i­dari­dad “que no existe” y con clar­i­dad y dis­cusión, que “tam­poco exis­ten”, porque a lo largo de 40 años se creó una sociedad indi­vid­u­al­ista y “tam­poco sobre esto se ha reflexionado”.

Los “ajustes” podrían ser desas­trosos, señaló Schauer, porque los con­flic­tos lab­o­rales están al día. Sólo en la empresa Nikslotf, una de las pro­duc­toras de aparatos elec­trodomés­ti­cos más fuerte y tradi­cional, sin opción tec­nológ­ica, cua­tro mil 500 puestos están en peli­gro y la “reestruc­turación lib­eral”, como la pri­va­ti­zación, con­tinúa sin que la DGB haya podido dar una respuesta sufi­ciente o haya elab­o­rado para sí misma una alter­na­tiva viable.

De la pres­i­den­cia fed­eral de la DGB, el más elocuente es Dieter Hocke, quien reconoce que desde hace ocho años la afil­iación sindi­cal está estancada, porque a los obreros tradi­cionales –cuya fuerza man­ual fue pre­pon­der­ante– los está susti­tuyendo una nueva cadena pro­duc­tiva con emplea­dos de ser­vi­cios com­puta­riza­dos, a quienes no les interesa sindi­calizarse por tran­si­tar a la indi­vid­u­al­ización en el tra­bajo; a las mujeres que tra­ba­jan tiem­pos par­ciales tam­poco les interesa y menos a los téc­ni­cos matemáti­cos, que bus­can nada más mejo­rar su “status”.

Respecto a la RDA, “nues­tra con­fusión es total”, no sólo porque no los cono­ce­mos, sino porque se nece­si­tarían diez años para san­ear su economía, adap­tarla a un sis­tema de mer­cado y resolver los prob­le­mas que de ahí se derivan; aparente­mente nada de ello se ha tomado en cuenta.

El prob­lema es el cómo. “Ahora ser­e­mos un país fuerte”, se dice y el gob­ierno de la RFA fue allá a “sub­sidiar” la cam­paña elec­toral que se basó en prome­sas “téc­ni­ca­mente posi­bles, pero prác­ti­ca­mente imposi­bles”. El econ­o­mista Kloss Voy dijo en Berlín que una décima de inflación provo­cará una revuelta. Para qué hablar de aumento en los impuestos.

Ahora “todas las esce­nas están abier­tas”, exis­ten prob­le­mas económi­cos. Exper­i­men­tos sociales, libros y teorías. Pero “los sindi­catos hoy nos pre­gun­ta­mos cómo resolver prob­le­mas sociales bajo una óptica política, cuyo móvil es sola­mente el poder. Nues­tra primera tarea sería edi­tar un man­ual de nego­ciación sindi­cal, pero esta­mos dis­cutiendo si nues­tras for­mas hoy son viables”.

Las dudas de los rep­re­sen­tantes sindi­cales son múlti­ples: ¿Qué sig­nifica el exper­i­mento? ¡Quién lo pagará?

H.U. Bunger, de la sec­ción sindi­catos de la Fun­dación Friedrich Ebert, tam­bién inter­roga: ¿Qué pasará en el largo plazo? Cuando ya hay un mil­lón de desem­plea­dos adi­cionales, ¿cómo resolver, y sobre qué bases, la política salarial?

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En la agri­cul­tura de la RDA tra­ba­jan ocho mil per­sonas; tal vez sólo la mitad es pro­duc­tiva. Ha empezado la destruc­ción de sec­tores indus­tri­ales –el del car­bón con el argu­mento de la contaminación-​. En la RDA no existe un sindi­cal­ismo como el de los países cap­i­tal­is­tas, ¿cómo hará la RFA para estable­cer políti­cas vin­cu­lantes, ¿cómo se equi­li­brarán los salarios, ¿quién los determinará?

En los pun­tos a dis­cusión de la DGB están estas cues­tiones, inclu­sive la con­ve­nien­cia o no de trans­ferir el sis­tema de con­ve­nios lab­o­rales porque, ahora, en la RFA se dis­cutía su validez; ¿cómo y cuándo se igualará la cal­i­dad de vida, hasta qué punto peligra la relación sindi­catos– ¿Estado, frente a un país donde los sindi­catos eran estatales?

El debate y la anex­ión, según los pre­supuestos de dis­cusión de la DGB, apare­cen en un momento de cri­sis del sindi­cal­ismo alemán, “cuando esta­mos dis­cutiendo la for­ma­ción de un sindi­cato para la mod­ernidad, cuando se ini­ció la batalla de la reduc­ción de jor­nada para abrir nuevos puestos de tra­bajo, cuando los sindi­catos están fuera de lugar y no han dis­cu­tido nuevas tác­ti­cas de afil­iación”, dijo Hocke y agregó que “la gran pre­ocu­pación es la rapi­dez de los acon­tec­imien­tos. Para nosotros sólo queda esperar, porque ya no fun­ciona ninguna lógica”.

Para Warner Foltin, rep­re­sen­tante del sindi­cato del Ser­vi­cio Público en Düs­sel­dorf, las cosas son claras: “Me temo que en la RDA los tra­ba­jadores han sido atro­pel­la­dos, se han destru­ido en unos cuan­tos meses su orga­ni­zación y sus logros sociales y, con el proyecto de la tran­si­ción, no están en condi­ciones de defender esos logros”; para los tra­ba­jadores de la RFA la cuestión de la anex­ión pro­duce tam­bién un debili­ta­miento sindi­cal, “lo que nos pone aler­tas para impedir que se nos ponga entre la espada y la pared”. Los uni­ver­si­tar­ios en el occi­dente están haciendo prepar­a­tivos para enfrentar una nueva política fis­cal, ya que temen que el gob­ierno de Kohl pre­tenda pagar los gas­tos de la anex­ión con nuevos impuestos.

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III• Enfrentan desem­pleo, mar­ginación y pobreza

En la tran­si­ción de la RDA perderán más las mujeres

Sara Lovera, enviada/​III, Berlín, 28 de abril, 1990.- Con la tran­si­ción de un país social­ista a un país de economía de mer­cado, en la RDA las que más tienen que perder son las mujeres.

Unab­hangin­ger– Frauen o Liga Autónoma de Mujeres advierte este peli­gro en carte­les dis­tribui­dos en todo el país y llama a la resisten­cia. En aulas uni­ver­si­tarias, cen­tros de tra­bajo, agru­pa­ciones pop­u­lares, entre los padres de familia y en las igle­sias hacen la resistencia.

Peligra el empleo para 4 mil­lones de ellas; el dere­cho al aborto se está dis­cutiendo, desa­pare­cen las guarderías infan­tiles, las mujeres no están rep­re­sen­tadas en la Asam­blea Leg­isla­tiva, la huida de los hom­bres al occi­dente ha dejado solas a mil­lares en todo el país y más de 800 mil viu­das de la guerra verán reduci­das sus pen­siones al 30 por ciento, cuando se mate­ri­al­ice, final­mente, la unifi­cación monetaria.

En el cuarto piso de la Casa de la Democ­ra­cia, abierta hace 4 meses en uno de los edi­fi­cios del antiguo par­tido de Estado, Petra Wun­der­lid, encar­gada de las rela­ciones inter­na­cionales de la Liga, atiende todos los días a mujeres de la RFA, de Bél­gica, Holanda, Fran­cia o Inglaterra; orga­niza vis­i­tas a las fábri­cas, a los cen­tros infan­tiles, a los cam­pos y a las escue­las. “Esta­mos preparando la plataforma de una Aso­ciación Política que nos per­mita par­tic­i­par en todas las elec­ciones, en todas las activi­dades políti­cas y económi­cas” afirma mien­tras un grupo de vis­i­tantes quiere cono­cer todos los detalles.

Mar­tina Krause, del depar­ta­mento de demografía de la Uni­ver­si­dad Hum­boldt informó que durante la primera sem­ana de abril nació la Orga­ni­zación de Padres y Madres Solos porque han empezado a cer­rar guarderías y medio mil­lón de niños quedarán sin ser­vi­cio antes de julio próx­imo. Se orga­ni­zan en los bar­rios de todas las ciu­dades del país.

En Erfurt, en el sur de la RDA cer­raron una fábrica de focos, por lo que mujeres y niños perdieron empleo y pro­tec­ción, dice Mar­tina al hacer notar que una noti­cia como ésta –de cierre de empre­sas– se conoce todos los días.

Las mujeres en la RDA, antes de los cam­bios tenían muchas garan­tías, aun cuando no habían logrado superar diver­sos gra­dos de dis­crim­i­nación. En la estruc­tura pro­duc­tiva rep­re­senta­ban el 40 por ciento de los tra­ba­jadores; del total de tra­ba­jado­ras sólo el 37.1 por ciento lo hacía en la indus­tria; el 49.1 por ciento en los ser­vi­cios y el 8.3 por ciento restantes en la agri­cul­tura. Su seg­re­gación es muy seme­jante a la de la estruc­tura mundial. La masa salar­ial por tanto sig­nifi­caba para las mujeres el 75 por ciento del salario de los hom­bres. No obstante, el 100 por ciento de los niños asistían a guarderías o escue­las de tiempo ampli­ado para que las mujeres pudieran desar­rol­lar sus activi­dades. Eso ya empezó a cambiar.

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Petra ase­gura que los empre­sar­ios que ini­cia­ron nego­cia­ciones para com­prar empre­sas pro­duc­ti­vas o de ser­vi­cios han puesto como condi­ción que se reduzca la par­tic­i­pación femenina.

La acti­tud de los inver­sion­istas –japone­ses, ale­manes occi­den­tales prin­ci­pal­mente– es muy seme­jante a lo que sucede en la RFA, donde la fuerza pro­duc­tiva femenina es ape­nas del 15 por ciento, muy infe­rior a los prome­dios de países como Esta­dos Unidos, España, Fran­cia o Méx­ico. En la RFA sólo el 3 por ciento de los niños tiene acceso a una guardería y desde que los social­cris­tianos dom­i­nan la escena política existe una cam­paña per­ma­nente para que las mujeres se regre­sen a casa. Aparente­mente esto es así porque el crec­imiento pobla­cional está estancado.

En la RDA, las mujeres empezaron a orga­ni­zarse cuando sin­tieron que debían lograr nuevas reivin­di­ca­ciones. Se opusieron a la edu­cación sex­ista y durante algún tiempo con­sigu­ieron logros. Una mujer podía estar en casa con un niño recién nacido hasta 3 años sin ´perder su lugar de tra­bajo. Las cosas se agudizaron cuando empezó a cre­cer el número de divor­cios. Se con­sid­era que la rup­tura de las pare­jas en la RDA fue la más cuan­tiosa de todo el mundo social­ista. Actual­mente una de cada 3 mujeres está sola con sus hijos y entre los padres el 5 por ciento son solteros.

Tras la mov­i­lización de los gru­pos incon­formes nació en sep­tiem­bre la Liga de Mujeres Autóno­mas, en crítica per­ma­nente a la Liga de Mujeres Democráti­cas, apéndice del par­tido de Estado, que no había logrado la lucha por la ver­dadera eman­ci­pación, informó Petra.

El movimiento fem­i­nista en la RDA durante una primera etapa, se dedicó mucho tiempo al puro análi­sis y a estable­cer con­tacto con los gru­pos que en la RFA durante los años 70 lograron cap­tar a mil­lones de mil­i­tantes. En el este alemán los primeros encuen­tros fueron reprim­i­dos por la Stasi, se pro­hi­bieron sus reuniones que sólo bus­ca­ban darle al cuidado de los niños un signo más inde­pen­di­ente y menos estatal. Más libre, sub­raya la diri­gente y menos estalinista.

Frente a la repre­sión ofi­cial el único espa­cio que lograron fue el de la Igle­sia protes­tante, ese “fue nue­stro techo” mucho tiempo como lo fue para otros muchos gru­pos de oposi­ción: para int­elec­tuales, pobladores, jóvenes y trabajadores.

En la Liga se recuerda que mucho tiempo las mujeres no se plantearon una labor política. Pero en el sur, en Eufurt la cosa prendió y ahí se empezaron a desar­rol­lar activi­dades explíci­ta­mente políti­cas. Cuando surgió la mesa redonda, dice a su vez Tat­jana Bohnn, “ya estábamos preparadas”.

Las man­i­festa­ciones en con­tra del rég­i­men estu­vieron, en los meses de mayor agitación, pro­tag­on­i­zadas por miles y miles de mujeres. Se empezaron a fun­dar gru­pos en todo el país; se des­cubrió que había mujeres mal­tratadas; que el aban­dono de los hom­bres crecía y que había graves prob­le­mas por la doble jor­nada de tra­bajo que las mujeres desarrollaban.

La orga­ni­zación política se fundó en febrero, hicieron una alianza con el Par­tido Verde del Este para par­tic­i­par en la lista elec­toral para la Asam­blea y la orga­ni­zación ofi­cial de mujeres quedó mar­gin­ada. Sin embargo, un error de esa alianza, las obligó a romperla, porque, dijo Petra, “ningún par­tido está real­mente intere­sado en nues­tra problemática”.

Los rápi­dos acon­tec­imien­tos, han mostrado “nues­tra fuerza reducida”. Sin embargo, ahora, en todas las ciu­dades, donde hay reuniones sem­anales, con­gre­sos, asam­bleas que se mul­ti­pli­can, las mujeres hacen la resisten­cia. El dere­cho al aborto tiene 30 años y se quiere lim­i­tar como en la RFA, donde la lla­mada “indi­cación social” para hacer un aborto limita sus posibilidades.

Sí las mujeres par­tic­i­paron por miles en las mar­chas por los cam­bios, ¿por qué ganó la derecha?

Las respues­tas, dijo Petra, son esquizofréni­cas. La cam­paña de los social­cris­tianos incluyó el reparto de plá­tanos y otras fru­tas que durante años no se con­sum­ieron en la RDA. Las mujeres, los tra­ba­jadores, los jóvenes cuando votaron no se dieron cuenta de que sus dere­chos se iban a lim­i­tar en un futuro cer­cano. Aunque tam­bién hay que saber que los par­tidos de derecha, la alianza que ganó en las elec­ciones, tuvo 20 mil­lones de mar­cos como regalo del gob­ierno de la RFA para sus cam­pañas y “nosotros no teníamos casi nada”

Hoy los carte­les se dis­tribuyen; crece la resisten­cia. Las mujeres se for­man en grandes colas para protes­tar por su despido de fábri­cas y comercios.

Para las mujeres de la RFA ha sido todo un des­cubrim­iento las ven­ta­jas que existían que todavía tienen bases jurídicas-​, y ahora quieren lo mismo. Por eso, como no se cal­culó nunca el tema del tra­bajo de las mujeres y el de las guarderías se debate en los medios de comu­ni­cación cotid­i­ana­mente. Los diri­gentes sindi­cales de la DGB, en char­las y entre­vis­tas man­i­fes­taron su gran pre­ocu­pación porque nunca habían con­sid­er­ado la especi­fi­ci­dad lab­o­ral de las mujeres. Los empre­sar­ios cla­man por la desapari­ción del ejem­plo y crece, en la RDA, la cam­paña por la vuelta al hogar.

IV• Incom­pren­si­bles, los votos al social­cris­tian­ismo, dice una militante

Foro Nuevo pedía democ­ra­cia y lib­er­tad, no a la reunifi­cación ale­m­ana ni el capitalismo

Sara Lovera, enviada/​IV, Berlín 29 de abril,1990 . Cristina Rastig es pres­i­denta del Club Schaufen­ster, con sede en la cap­i­tal de la República Democrática Ale­m­ana (RDA), de 46 años y de gusto jazz­ista. Mil­i­tante de base del Nuevo Foro, la mesa redonda que impulsó la caída del viejo rég­i­men, afirma “pen­samos que sí se podía hacer algo, demostrar que se podía pasar de las pal­abras a los hechos y poner en mar­cha un social­ismo democrático. Queríamos elec­ciones libres, las mis­mas que ahora nos derrotaron”.

Madre soltera, maes­tra, reconoce su depre­sión pro­funda: “es cierto que la plan­i­fi­cación cen­tral no fun­cionaba. Es cierto que nue­stro país tenía muchas cuen­tas con la Unión Soviética. Es cierto que en este país no se respeta­ban las leyes, es cierto que la disiden­cia era inad­mis­i­ble y todos estábamos vig­i­la­dos por la Stasi. (policía política). Por eso protes­ta­mos, y por eso hici­mos caer al rég­i­men. Ahora no todo ha ter­mi­nado. Soy optimista”.

La entre­vista se real­iza en el salón de exposi­ciones del Club, abierto con el apoyo del Min­is­te­rio de Cul­tura; Cristina es muy elocuente, durante los silen­cios oblig­a­dos por la tra­duc­ción entris­tece. Explica breve­mente: “No se trata de cam­bios repenti­nos, nues­tra trayec­to­ria es larga, desde hace años gru­pos opos­i­tores trataron de defend­erse con­tra muchas cosas que sucedían en este país. Los prin­ci­pales fueron los int­elec­tuales y artis­tas quienes desde prin­ci­p­ios de 1980 se opusieron al incumplim­iento de las leyes y lucharon por los prin­ci­p­ios social­is­tas. Nos man­i­fes­ta­mos, nos lo pro­hibían, teníamos claro que se trataba de hacer efec­tivos dere­chos con los que se nos formó desde hace 40 años. Nadie habló nunca de anexarnos a la RFA o de bus­car una economía de mercado”.

En los años 70 hubo un aumento a las pen­siones, una reduc­ción de jor­nadas de tra­bajo, real­mente una mejoría. Después las refor­mas ini­ci­adas fueron decayendo y nos incon­for­mamos. Tras la incon­formi­dad llegó la repre­sión. Por una parte, en las empre­sas, brigadas de tra­ba­jadores que en lo teórico sig­nifi­ca­ban la unifi­cación del tra­bajo con la vida pri­vada para lle­gar a un modo social­ista de vivir, en la prác­tica con­trolan a la gente. Se con­tro­la­ban los via­jes al exte­rior, se inves­ti­gaba en el tra­bajo y en la casa; se molestaba a los veci­nos, se acos­aba. Nosotros no estu­vi­mos con­tra el sis­tema, sino de fal­las reparables.

Pero había más. Cristina relata su expe­ri­en­cia, sus temores. Los artis­tas eran suje­tos a realizar obras bajo la idea del dogma ofi­cial: el real­ismo social­ista; en las escue­las los niños sólo conocían par­cial­mente la real­i­dad, todo bajo la direc­ción del Estado. Se negaba el conocimiento y el inter­cam­bio cultura.

En los años 80 causó mucho estu­por el caso de Wolf Bier­mann, un can­tau­tor a quien le pro­hi­bieron can­tar frente al público y fue así como empezamos a tra­ba­jar en forma clan­des­tina. Bier­mann, sin embargo, con­tinu­aba ejer­ciendo su pro­fe­sión. Lo dejaron sin tra­bajo, sin vivienda. A la calle empezaron a salir los int­elec­tuales con el pre­texto de un movimiento de paz que había surgido en los países occi­den­tales de Europa. El tema de la desnu­clearización nos importaba… llen­amos las calles con man­tas, después con deman­das de refor­mas sociales y lib­er­tarias. El 9 de noviem­bre estábamos felices –la madru­gada de la aper­tura del Muro– pero a nadie se le ocur­rió hacer un proyecto económico, social y político capaza de darle sal­ida a la rev­olu­ción que estábamos haciendo.

Con la anex­ión en puerta, Cristina reflex­iona: sólo queríamos hacer efec­tiva la frase de Rosa Lux­em­burgo: “La lib­er­tad tam­bién es la lib­er­tad de los que pien­san de otra man­era” y la frase la repro­du­ji­mos en man­tas y carte­les. Eso no sig­nifi­caba querer anexarnos al mundo cap­i­tal­ista. Muchas veces tomamos las frases de nue­stros políti­cos; queríamos quitarle a la RDA los ras­gos estal­in­istas que todavía esta­ban vivos. Queríamos refor­mas económi­cas y políti­cas para con­tin­uar. Durante las mar­chas muchos fueron detenidos y encarcelados.

El fin de la fun­dación del Foro Nuevo y después de la Mesa Redonda era democ­ra­ti­zar al Estado.; por eso, admite, la anex­ión ha cau­sado una depre­sión colec­tiva; los votos al social­cris­tian­ismo nadie los entiende sino como una reac­ción deses­per­ada y la creen­cia de que había que destru­irlo todo. Mien­tras aquí hacíamos el cam­bio, miles de per­sonas cruz­a­ban la fron­tera, huían, mostra­ban su deses­peración porque se creía que la línea dura tri­un­faría y nada podría hac­erse. La cuestión no era por qué la gente se qued­aba, sino por qué se iba. No creían en una per­spec­tiva, 40 años después de que se impuso, desde fuera, un régimen.

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Cristina cuenta que al Nuevo Foro se unieron muchos movimien­tos, apoy­a­dos por la igle­sia protes­tante. El movimiento, que iba lenta­mente cre­ciendo, de pronto fue mayús­culo. Las cosas empezaron a des­gra­narse ráp­i­da­mente; la tele­visión occi­den­tal era cap­tada por la población y ahí la gente estaba al tanto de lo que sucedía en Polo­nia, en la URSS, en Checoslo­vaquia. Los dis­cur­sos crecieron. Es curioso recor­dar que la frase “abrir el muro” se mate­ri­al­izó 15 min­u­tos después de una trans­misión tele­vi­siva. Pun­tu­al­iza: “Hay que saber que el movimiento de los int­elec­tuales siem­pre se enfrentaba a la vio­len­cia ofi­cial a través de la no vio­len­cia. En Berlín se for­maron cade­nas humanas frente a la emba­jada de la URSS; se prendieron velado­ras en protesta y cuando se acer­caba el 40 aniver­sario de la fun­dación de la RDA y a todo estaba hecho: Gor­ba­chov advir­tió a Honecker lo que tenía que hacer, dijo en sola frase: Al que llega tarde, la vida lo castiga.

Las mar­chas más grandes sucedieron en Berlín y Leipzig, final­mente se abrió el muro, a pesar de que la gente nunca se man­i­festó por la aper­tura del muro y menos por la reunificación.

Luego, dice desmor­al­izada, sigu­ieron las prome­sas. No se podía detener a la gente. Lo impor­tante era que reac­cionara el gob­ierno, que cediera el poder, el gob­ierno se equiv­ocó y abrió el muro.

El Foro Nuevo fue rebasado por la rapi­dez de los acon­tec­imien­tos. Con la aper­tura del muro lle­garon los políti­cos de la RFA, hablaron de reunifi­cación, se pro­nun­cia­ron por la economía de mer­cado, sub­sidiaron la cam­paña política, con 20 mil­lones de mar­cos y car­ros car­ga­dos de plá­tanos que no con­sumíamos hace años, prometieron mar­avil­las. Los políti­cos de Kohol desplazaron su cam­paña elec­toral a la RDA; empezaron a lle­gar los empre­sar­ios, empezaron a ver que aquí había empre­sas que no servían a sus intere­ses y otras muy prom­ete­do­ras. El dis­curso ofrecía: “En cinco años se alcan­zará el nivel de vida de Ale­ma­nia Occi­den­tal”. Eso todavía es una promesa en el vacío, porque aquí no hay ham­bre ni mar­ginación social.

Para explicar el fondo de la reac­ción de la gente, esa con­fi­anza desme­dida en los políti­cos de la RFA, Cristina admite que los más grave es que la gente nunca se pudo iden­ti­ficar con este Estado, pro­ducto de la ocupación.

Frente al futuro, Cristina tiene un solo temor de fondo: durante mucho tiempo, afirma, hubo una dis­cusión sobre cómo hacer la reunifi­cación o cómo no hac­erla, tratando de evi­tar cualquier alusión al fas­cismo. Esto fue un grave error. Ahora, a seis meses de la caída del muro la gente no ha tenido tiempo para reflex­ionar, para prepararse, hubo elec­ciones pre­cip­i­tadas, ráp­i­das, la gente votó asus­tada, sin cos­tum­bre por opciones conc­re­tas. Pero hay indi­cios de xeno­fo­bia, hay neo­fas­cismo y una Ale­ma­nia fuerte y grande, asusta a cualquiera. La alianza social­cris­tiana, que ganó con gran ven­taja las elec­ciones, ten­drá ahora que respon­der por esto.

V• Wal­traud Falk, ex direc­tora universitaria

Los teól­o­gos ele­girán el rumbo de la uni­ver­si­dad en la RDA

Sara Lovera, enviada/​V, Berlín, 1 de mayo,1990.-En las calles de Berlín ori­en­tal la gente mira cómo nace la pri­mav­era, la fiebre de refun­dación de la “nueva patria” empieza a disi­parse. Se debilita poco a poco la algar­abía que pro­dujo la caída del muro.

Tras cada fachada de una vivienda hay una inqui­etud inde­scifrable. Todo se deses­truc­tura, cam­bia. Los estu­di­antes están de vaca­ciones mien­tras la cúpula decide cómo será den­tro de algunos meses la vida en la Uni­ver­si­dad de Hum­boldt, nacida hace 175 años. La primera demanda es man­tener su autonomía.

En el edi­fi­cio cen­tral, el 9 de abril pasado Wal­traud Falk dispone su último día como direc­tora de la Fac­ul­tad de Cien­cias Sociales. Ya tiene el cabello cano y no recuerda en qué momento comenzó a recono­cer sus errores, “los de todos, los de los social­is­tas que nos neg­amos a recono­cer las fal­las del sis­tema, los que no oímos que eran nece­sarias las refor­mas económi­cas en 1980, las políti­cas en 1985, los que todo jus­ti­fi­camos en nom­bre de un sis­tema que ahora resultó falso. Fuimos intolerantes”.

Burócrata del par­tido de Estado, pro­fe­sora de la Hum­boldt desde 1956, econ­o­mista de car­rera, doc­tora en his­to­ria “yo sabía, como muchos otros que esto ya no tenía sen­tido. Ahora sabe­mos que el 50 por ciento de la población será con­sid­er­ada mar­gin­al­izada en muy poco tiempo. Mi hija es inge­niera, gana 700 mar­cos, mi hijo, en el momento del cam­bio de mon­eda ganará 600 mar­cos. Esta gente ya no podrá con­struir una vida”.

La mujer de más de un 1.70 met­ros de estatura, se dobla ante la real­i­dad: “Se va fun­dar un solo min­is­te­rio: Edu­cación Cien­cia, Mujer, Familia y Asun­tos Sociales, lo va a diri­gir T. Eve­lyn, el pas­tor evan­ge­lista más reac­cionario que se conozca en la RDA y eso nos con­ducía a lo imprevisible”.

Trata de expli­carse: “Hay una posi­bil­i­dad. El nuevo rec­tor en la Hum­boltd, J. Fuik, es un teól­ogo recono­cido, no pertenece a ningún par­tido político y ha sido el primero en desechar la idea de reunificar a las uni­ver­si­dades de Hum­boldt y Libre de Berlín, porque ello lle­varía al caos. El hom­bre, es cierto, tiene val­ores cris­tianos, pero no ide­ológi­cos, sin embargo, luchará por desar­rol­lar la autonomía y un nuevo per­fil para nues­tras uni­ver­si­dades y sus 12 mil estudiantes”.

En la ofic­ina uni­ver­si­taria todo queda igual, cómo si la señora Falk fuera a regre­sar al día sigu­iente. Son­ríe nerviosa mien­tras se hace la tra­duc­ción de sus reflex­iones: “Hasta hoy y desde 1945 la Uni­ver­si­dad de Hum­boldt y todo el sis­tema educa­tivo respondieron a la plan­i­fi­cación cen­tral de la economía. Los estu­di­antes ahora quieren otra cosa, autonomía y nuevos conocimien­tos rela­ciona­dos con el establec­imiento del sis­tema cap­i­tal­ista que se empezó a implan­tar ya. La entrada a esta uni­ver­si­dad fue muy restringida, todo depen­derá ahora de deci­siones políticas”.

Empezaron a desa­pare­cer las becas. Antes cada estu­di­ante era becado y recibía mate­ri­ales de tra­bajo, libros y dis­ci­plina. Había una relación estrecha maestro-​alumno. Ahora los teól­o­gos dirán cómo será la enseñanza. Muchos mae­stros ya han huido a Occi­dente, y eso tam­bién es un prob­lema a resolver”.

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El atraso en la economía del país –con­tinúa– empezó a medi­a­dos de los años 70, tras un repunte muy impor­tante y después del impulso que hubo en 1968 por cam­biar algu­nas cosas. En 1980 se pro­pusieron refor­mas que no se escucharon, la cúpula del par­tido con­sid­eró que no era el memento; la cri­sis –sólo la económica– apare­ció descar­nada en 1985; el gob­ierno abrió las puer­tas al tur­ismo, pero con­tinuó pro­te­giendo total­mente la economía interna. En la RDA se pro­duce hasta lo más ele­men­tal, con el pre­texto de no afec­tar a los países del Ter­cer Mundo. Muchas indus­trias no ten­drán capaci­dad de sobre­viven­cia. Si el acuerdo mon­e­tario es de 2 por uno, toda la economía de la RDA se ven­drá abajo”.

La cuestión política e ide­ológ­ica es mucho peor, explica. El sis­tema social­ista en la RDA fue impuesto por las fuerzas de ocu­pación soviéti­cas al tér­mino de la Segunda Guerra, “mucha gente sin­tió que el sis­tema era falso”, descono­ciendo la lucha histórica de los comu­nistas ale­manes y este sen­timiento fue lo que accionó durante las elec­ciones de marzo pasado y las fal­sas prome­sas del oeste.

Lo cierto es que el con­trol político, primero de los nazis y después de nue­stro sis­tema, “impidió a nues­tra gen­eración saber algo sobre democ­ra­cia. A pesar de que muchos, aún todavía, man­ten­emos firmes nues­tras ideas y prin­ci­p­ios social­is­tas, por lar­gos años no reflex­ion­amos sobre lo que estaba pasando. Tras la guerra la lucha era por sobre­vivir, la gente creyó en algo, con­struyó algo, creí­mos en el social­ismo. Ahora luchamos por elec­ciones libres, es triste pen­sar que no volver­e­mos a votar, si como todo parece, la anex­ión es irrefrenable”.

Ahora es difer­ente, dice mirando hacia sus inter­locu­toras. “Ya no puedo recor­dar cuando empecé a acep­tar mis errores. Entré al par­tido en 1946, dos años después mi padre, acu­sado de socialdemócrata, fue apre­sado por los soviéti­cos y reclu­ido un año. Yo seguí en el par­tido. En 1964 mi esposo fue reprim­ido y sacado de la uni­ver­si­dad por haber invi­tado a Havel­man –el ideól­ogo de oposi­ción en los años 60– y se fue a la Acad­e­mia de Cien­cias. Ambos, sin embargo, con­tin­u­amos en el partido”.

Del mismo modo ocul­ta­mos, bor­ramos de la memo­ria lo que hicieron con nue­stros famil­iares y ami­gos que dis­en­tían. Olvi­damos lo que hicieron con ellos los rusos, en los mis­mos cam­pos donde antes hicieron lo mismo los fascis­tas. En mi pueblo conocíamos el campo Sach­sen­hausen, fascista primero, ruso después. Pero nadie hablaba de él. El campo existe, es de la Stasi (la policía sec­reta del rég­i­men en extin­ción) nadie había querido saber o decir nada sobre él. Mucho tiempo fuimos cobardes, no escuchamos a Brecht, no escuchamos a la his­to­ria. Esto nos llevó al cambio”.

Ahora –prosigue– que aprendi­mos a gri­tar ya no nos callare­mos”, ase­gura la pro­fe­sora al recono­cer que la anex­ión y el ingreso acel­er­ado de la RDA al mundo cap­i­tal­ista traerá nuevas der­ro­tas “pero tam­bién nuevas luchas. Hemos empezado ape­nas a darnos cuenta que ini­ci­amos con retraso. Atrás de la RFA, como un país pequeño y pobre frente a ello, como una comarca, otra vez ocu­pada. Perder­e­mos los logros, a pesar de todo, los logros del social­ismo: la seguri­dad, el empleo, la pro­tec­ción a la niñez, pero ahora lo sabemos”.

Para la señora Falk la respon­s­abil­i­dad la tiene hoy la igle­sia protes­tante, porque bajo su techo se hizo toda la mov­i­lización social y política que acabó con el rég­i­men. Sus rep­re­sen­tantes, dijo, están asus­ta­dos, ahora ellos están diciendo, frente al caos, que el Estado no debe perder su cara”. Pero, se pre­gunta ¿quién los detendrá’, refir­ién­dose a la nueva alianza gubernamental.

VI• Checar Ale­ma­nia Fed­eral no tol­er­ará inflación, advierte Voy

Dec­re­tan las dos Ale­ma­nias una reval­u­ación del marco oriental

Peligrará el nivel de XX si no se redis­tribuye la riqueza

Sara Lovera, enviada/​VI, Berlín, 2 de mayo 1990.- El marco alemán –occi­den­tal– se colocó desde hace 20 años como una de las mon­edas más fuertes del mundo. Esa esta­bil­i­dad está ahora en peli­gro, porque se tomó la decisión política de hacer la unifi­cación con la república Democrática Ale­m­ana (RDA) y esto es un error. La sociedad ale­m­ana no per­mi­tirá ni un décimo de inflación y se perderá la con­fi­anza de los ahorradores.

Klaus Voy, econ­o­mista occi­den­tal y coau­tor de un doc­u­mento que fir­maron en febrero econ­o­mis­tas de todos los sig­nos y el Banco Cen­tral con­tra la unifi­cación mon­e­taria, explica los peli­gros de la medida que con­tinúa en discusión.

La unidad mon­e­taria “fue ven­dida” a la RDA como la mejor man­era de vivir exce­lente, Pero eso “es una ilusión” que sería posi­ble sólo si el gob­ierno de Kohl fuera capaz de comen­zar la redis­tribu­ción de la riqueza en serio. Lo que está detrás no es, según su opinión, más que la política del poder y en ello ahora están de acuerdo todas las cor­ri­entes y par­tidos políticos.

La situación es tan falsa que es la primera vez, desde que ter­minó la guerra, que el Banco Cen­tral se dis­ci­plina frente a una medida política. El peli­gro es que bajará el nivel de vida para todos. Los primeros afec­ta­dos serán los habi­tantes de la RDA, después “nosotros”.

No es difí­cil com­pro­bar lo que Voy señala. En la República Fed­eral Ale­m­ana (RFA) el nivel de vida es muy alto. Los salarios prome­dio –5 mil mar­cos men­su­ales, aprox­i­mada­mente 3 mil 500 dólares-​, garan­ti­zan que cada año hasta 5 mil­lones de famil­ias ale­m­anas vis­iten España y otro mil­lón salga de vaca­ciones a Gre­cia, los países del Este o América.

En las calles puede encon­trarse sin difi­cul­tad con­tin­u­a­mente mue­bles y aparatos elec­trodomés­ti­cos en per­fecto estado, con­sid­er­a­dos por los habi­tantes como dese­cho; la moda es la más cara y sofisti­cada de toda Europa y mien­tras más cre­cen los recur­sos, la población se mantiene estable desde hace 20 años.

La indus­tria de la RFA es muy fuerte y mil­lonar­ios cap­i­tales salen con­stan­te­mente hacia el exte­rior a pro­ducir a muy bajos cos­tos. Tres mil­lones de desem­plea­dos viven del seguro de desem­pleo o de la ayuda social; sólo en Berlín los 32 mil estu­di­antes uni­ver­si­tar­ios tienen becas para realizar estu­dios en el exte­rior, y la pos­esión prome­dio de automóviles es de tres por familia.

Una sociedad acos­tum­brada a no tener casi nada de inflación en los últi­mos 15 años, “no sopor­tará ni un décimo” y se opon­drá vio­len­ta­mente al aumento de los impuestos –que ya son altos-​, comentó el economista.

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Antes de diciem­bre, afirmó, si las cosas con­tinúan “habrá que empezar a bus­car cul­pa­bles”. Lo más grave es que se deses­ta­bi­lizará el mer­cado y esto tam­bién ten­drá reper­cu­siones en toda Europa.

Una posi­bil­i­dad es que el Banco Cen­tral decrete la esta­bil­i­dad de la mon­eda y no se aumenten los intere­ses. Los empre­sar­ios esperan que la RDA sea un gran mer­cado, lo que ayu­daría al aumento de la pro­duc­ción. Sin embargo, lo que suced­erá será una catástrofe en la RDA y ¿quién la pagará?, se pre­gunta, porque, y agrega, las difer­en­cias son muy grandes.

Si el cam­bio del marco con la RDA es de uno a uno, la esta­bil­i­dad en la RFA no se perderá. Sin embargo, al bajar los salarios allá, provo­cará la sal­ida con­tinua de tra­ba­jadores tras el espe­jismo y cre­cerán los desempleados.

Los prob­le­mas prin­ci­pales a que se enfrenta el pro­ceso de unifi­cación mon­e­taria y política son: primero un pro­ceso de derechización irrefren­able; la difer­en­ciación social que casi había desa­pare­cido y el desem­pleo: habrá en diciem­bre votos para la derecha y lo peor, dice “será para los proletarios”.

Voy señala que junto con esta situación la política neolib­eral de desreg­u­lación, que en Europa encabezó Inglaterra, para Ale­ma­nia plantea nuevos prob­le­mas. Tras la guerra, la política de pro­tec­ción de la pro­duc­ción y el mer­cado garan­tizó no sólo la recon­struc­ción, sino un crec­imiento sostenido, tanto que “somos ricos”, pero la aper­tura, la repri­va­ti­zación, la lib­er­al­ización de arance­les y ahora la com­pra de la RDA, hacen una com­bi­nación insoportable.

Teníamos paz económica” ter­cia Mar­i­ane Braig, una paz rota desde hace seis meses; la incer­tidum­bre es la que pagará estos cambios.

Los salarios en la RDA y los pre­cios no tienen­ninguna relación con la RFA; habrá que reestruc­turar la indus­tria, el com­er­cio y el con­sumo en muy poco tiempo, no sin antes dese­qui­li­brar la vida de los ale­manes de ambos países.

Los sec­tores más débiles de la economía en la RDA son el trans­porte, la elec­t­ri­ci­dad; la comu­ni­cación, cuyo retraso tec­nológico requerirá de fuertes inver­siones. La restruc­turación más impor­tante es la energía basada en el car­bón, lo cual ten­drá que desa­pare­cer porque hay zonas amplias de alta con­t­a­m­i­nación que están poniendo en peli­gro la vida de muchas per­sonas. Durante mucho tiempo en la RDA se negaron a depen­der del petróleo.

La indus­tria química, una de las bases económi­cas en la RDA, no tiene per­spec­ti­vas; la estruc­tura de la indus­tria es muy pare­cida a la de los años 50; existe un atraso en la elec­trónica y sin embargo tiene amplias per­spec­ti­vas en la con­struc­ción de maquinaria.

Adi­cional­mente en la RDA exis­ten prob­le­mas de cal­i­fi­cación de mano de obra, lo que puede ser reg­u­lado en poco tiempo, porque exis­ten buenos inge­niero. Pero todo el rea­juste nece­si­tará cunado menos 10 años.

Como Voy los espe­cial­is­tas en cues­tiones económi­cas de la Con­fed­eración ale­m­ana de Sindi­catos han puesto en tela de juicio las medi­das políti­cas del gob­ierno de la RFA.

La aper­tura del muro para los berli­ne­ses del Este ya pro­dujo los primeros desas­tres: empezó la escasez de algunos ali­men­tos y sus fon­dos se están deval­u­ando día a día con la espec­u­lación del cam­bio que ya se impone en toda la línea fron­ter­iza: no de uno a dos como pro­pone Kohol, sino de uno a cinco, como puede com­prarse el marco de la RDA en cualquier entrada fronteriza.

Fuente: Sem Mexico

Pub­li­cación: Leti­cia E. Becerra Valdez

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