articles





Boletín

Defin­i­ti­va­mente que a medida que pasan los días nos acer­camos a uno de los tiem­pos más ale­gres del año: el nacimiento del Niño Dios. Cuando el hijo del creador del uni­verso se hizo hom­bre y habitó entre los seres humanos, entre los que él mismo creo y que poblamos este plan­eta. Desde aque­l­los tiem­pos, los que creemos en el hijo de Dios lo recor­damos y ya próx­imo a cel­e­brar un año más de que vino al mundo, y como una forma de fes­te­jar su nacimiento, hace­mos rep­re­senta­ciones poniendo en algún lugar una cabaña y den­tro a la Vir­gen María, a San José con los ani­mal­i­tos que se dice esta­ban al momento de nacer, esto es lo prin­ci­pal y se le llama pese­bre pero, hay quienes gus­tan de com­ple­men­tar lo ante­rior dejando un área para pas­tores, para el ermi­taño, el dia­blo, diver­sos ani­mal­i­tos, etc. Todo lo ante­rior es lo que cono­ce­mos como nacimiento.


La pal­abra Navi­dad es una abre­viatura de Nativi­dad prove­niente de la voz latina Nativ­i­tas, que sig­nifica nacimiento. Es por ello que se aplica este nom­bre a la fiesta cris­tiana del 25 de diciem­bre, en que se cel­e­bra el nacimiento del Niño Jesús. Esta cel­e­bración se remonta a los primeros años de la igle­sia cris­tiana, cuando el Papa Telés­foro la insti­tuyó en el siglo II. En esa época se cel­e­braron las primeras cer­e­mo­nias reli­giosas, en las que la igle­sia uti­lizó el género teatral para per­suadir a la gente sobre las bon­dades de su religión.


Durante la Edad Media en España, se rep­re­sentaba la Nativi­dad en una cer­e­mo­nia noc­turna en la que un grupo de niños vesti­dos de ánge­les canta­ban en honor del Niño Jesús y otros atavi­a­dos como pas­tores hacían los coros, después de lo cual se abrían las corti­nas que cubrían el pese­bre y se mostra­ban al Niño y a la Vir­gen, dando paso a la cel­e­bración de la misa. Tam­bién en España a finales del siglo XV, fue rep­re­sen­tado un auto sacra­men­tal del poeta Jorge Man­rique– que se hizo famoso por las coplas a la muerte de su padre– lla­mado Renacimiento de Nue­stro Señor Jesu­cristo, que es una escenifi­cación de la Navidad.


El Nacimiento es la rep­re­sentación plás­tica de la Nativi­dad de Jesús. En los Evan­ge­lios Canóni­cos –canon del Nuevo Tes­ta­mento que se con­sid­era y acepta que nar­ran cor­rec­ta­mente la vida de Jesús– se narra con sobriedad la ado­ración al Niño Jesús por los pas­tores y por los Reyes Magos, en cam­bio en los lla­ma­dos Evan­ge­lios Apócri­fos– escritos surgi­dos en los primeros años del cris­tian­ismo, o sea después de Jesu­cristo y que no fueron acep­ta­dos por la orto­doxia católica– se relata con mayor detalle el mismo episo­dio, motivo por el cual estos últi­mos fueron los más con­sul­ta­dos por los artis­tas en busca de inspiración para crear sus obras.


Por el siglo VII la escena de la Nativi­dad adquiere la impor­tan­cia para ser uti­lizado en los cul­tos. Algu­nas cróni­cas afir­man que el pese­bre más antiguo que se con­serva, aunque sólo en parte, está en la basílica romana de Santa María la Mayor. Este ado­ra­to­rio guarda la misma estruc­tura de la cueva de Belén.


Pero fue San Fran­cisco de Asís, nacido en 1182 en Asís, Italia y a quien se le con­sid­era el pro­tec­tor de la nat­u­raleza– patrono de orga­ni­za­ciones ambi­en­tal­is­tas– , quien después de con­seguir una autor­ización del Papa Hon­o­rio III., instaló el primer Nacimiento en la ermita de Grec­cio en 1223.


El reli­gioso cele­bró el nacimiento de Jesús, colo­cando un altar frente a la ermita con una escenografía mín­ima; colocó lumi­nar­ias por el monte y repar­tió hachas encen­di­das entre los frailes y los campesinos que lo acom­paña­ban, lo que atrajo a muchos habi­tantes de la ciu­dad de Grec­cio. En la ermita de Grec­cio San Fran­cisco tuvo la inspiración de repro­ducir en vivo el mis­te­rio del nacimiento de Jesús. Con­struyó una casita de paja a modo de por­tal y puso un pese­bre en su inte­rior, pidió prestado un buey y un asno e invitó a un pequeño grupo de gente a repro­ducir la escena de la ado­ración de los pas­tores , ya después de un tiempo lo hecho por San Fran­cisco se pop­u­lar­izó en todo el mundo cris­tiano, y así de los seres vivos, se pasó a la uti­lización de fig­uras Él cantó el Evan­ge­lio invi­tando a todos a par­tic­i­par en el nacimiento del reden­tor y los campesinos repro­du­jeron el histórico acon­tec­imiento. Tiempo después, sobre el pese­bre de Grec­cio se erigió una igle­sia en con­mem­o­ración de San Francisco.


El poeta tabasqueño Car­los Pel­licer describió la rep­re­sentación del Nacimiento de la sigu­iente man­era: “Y en una gruta, bajo el cielo de Navi­dad, arregló el pese­bre, colocó el buey y el asno; sobre el pese­bre, puso el ara en la cual un sac­er­dote operó el rit­ual de la misma, cuyo valor histórico, plás­ti­ca­mente hablando, no tiene par”.


La idea del Nacimiento se con­solidó como tradi­ción en el arte de toda Italia, siendo durante el siglo XIV, que se mul­ti­plicó la escena de la Nativi­dad, habién­dose afi­an­zado su pop­u­lar­i­dad en la segunda mitad del Cua­tro­cien­tos siglo XV, En la Cat­e­dral de Volterra Italia, un Nacimiento de grandes fig­uras era ya común.


En Toscana Italia, el número de Nacimien­tos mon­u­men­tales fue muy grande y es posi­ble que desde ahí se propa­garan al reino de Nápoles Italia, en donde el Rey Car­los III ordenó que los nacimien­tos que en ese tiempo se conocían como Belenes se pop­u­larizaran en todo el reino ital­iano y español y fundó talleres de cerámica desta­cando el de Capodi­monte, en donde se dice que el pro­pio Rey acon­se­jaba y dirigía a los arte­sanos. En este taller encargó fig­uras para su pese­bre, que instaló en una habitación del Pala­cio Real, lo que dio ini­cio a una de las más cono­ci­das tradi­ciones navideñas. El Nacimiento fue todo un acon­tec­imiento, lo vis­ita­ban ricos y pobres, nobles y ple­be­yos, con un poco de fer­vor reli­gioso, por gusto o por curiosidad.


Luego los Nacimien­tos invadieron las man­siones napoli­tanas, con fig­uras fas­tu­osas, vesti­das de seda y ador­nadas con pedr­ería inclu­sive con oro y plata. Y final­mente lle­garon con más sen­cillez pero quizás con mayor aut­en­ti­ci­dad, hasta los modestos estratos sociales. A medida que pasaba el tiempo se le iban agre­gando más fig­uras como el Ángel, la estrella, los pas­tores y los reyes magos así como el dia­blo y el ermi­taño y algún río con sus respec­tivos pesca­dos y en Méx­ico pues algún cor­ral con ani­males pro­pios de una granja como gal­li­nas, gua­jolotes, chivos y otros. Se encon­tra­ban los pas­tores con sus ove­jas, se observ­aba al dia­blo que no les quitaba la vista.


Sigu­iendo con algo de his­to­ria de los nacimien­tos, se cuenta que el mismo Rey Car­los III pro­movió la difusión de los Nacimien­tos en la Penín­sula Ibérica. Al via­jar de Italia a España llevó con­sigo el gusto por la rep­re­sentación sagrada y pronto encargó a var­ios artis­tas valen­cianos un Nacimiento para su hijo, el futuro Rey Car­los IV, que causó gran asom­bro entre la nobleza penin­su­lar, repi­tién­dose la his­to­ria de Nápoles. Así pro­lif­eró la pro­duc­ción de Nacimien­tos, algunos de los cuales todavía se con­ser­van en Museos españoles pero ya no tienen uso como nacimiento en estas fechas.


La lle­gada de los fran­cis­canos a España durante el siglo XIII, per­mi­tió tam­bién la difusión de los Nacimien­tos por toda la Penín­sula. En Ale­ma­nia, a medi­a­dos del mismo siglo, se instaló por primera vez un Nacimiento en el monas­te­rio de Füssen, con­sid­er­ado como el más pare­cido a los actuales en su diseño.


Otros Nacimien­tos de gran influ­en­cia que todavía se con­ser­van son los elab­o­ra­dos en el siglo XVII con la cor­ri­ente bar­roca que le imprimió un estilo de gran fuerza humana, que va más allá del solo obje­tivo reli­gioso. Para el siglo. XVIII, el bar­roco se con­sti­tuyó como el antecedente del roman­ti­cismo, dotando así a los Nacimien­tos de grandes esce­nas con estruc­turas escenográ­fi­cas y con fig­uras pre­cio­sis­tas. En Por­tu­gal se elab­ora­ban grandes Nacimien­tos con fig­uras de yeso y ojos de vidrio, desar­rol­lán­dose una recono­cida escuela sobre el tema. Tam­bién destaca la labor de los arte­sanos españoles, que realizaron pre­ciosos Nacimien­tos con pequeñas fig­uras, como las de Salzillo en Mur­cia y las de Amadeu en Barcelona.


La cos­tum­bre de colo­car Nacimien­tos se extendió a par­tir del Renacimiento hacia otros países europeos. Por lo que respecta al con­ti­nente amer­i­cano, es lógico enten­der que con la evan­ge­lización lle­garon a estas tier­ras las recrea­ciones del acto de fe navideño en diver­sos mate­ri­ales. Las reli­giosas fran­cis­canas elab­ora­ban bel­lísi­mos Nacimien­tos, espe­cial­mente con Niños Jesús de cera, her­mosas piezas escultóri­cas que per­manecían en exhibi­ción durante un año. Los arte­sanos mex­i­canos asim­i­laron ráp­i­da­mente las téc­ni­cas artís­ti­cas traí­das de Europa, de man­era que las maderas esto­fadas y poli­cro­madas fueron comunes en los Nacimien­tos mex­i­canos de la Colonia.


Al paso del tiempo, las fig­uras se hacían con ropa más elab­o­rada, que pro­cedía de con­ven­tos y casas par­tic­u­lares. Las caras, pies y manos eran gen­eral­mente de cera o barro, luego el Nacimiento se mod­i­ficó hasta lle­gar a ser una abi­gar­rada mez­cla de esti­los y motivos en los que aparece el por­tal rodeado de magueyes, gua­jolotes, pas­tores y tipos pop­u­lares del Méx­ico román­tico del siglo XIX: el car­bonero, el cazador, la tamalera, etc., hechos de barro, cera, madera, de fibras veg­e­tales, hojalata, trapo y de todo mate­r­ial que cor­re­sponde a las ramas arte­sanales del país.


En Méx­ico las primeras rep­re­senta­ciones plás­ti­cas del Nacimiento de Jesús se encuen­tran en los grandes retab­los colo­niales del siglo XVI; es posi­ble que ante­ri­or­mente hubiera en los con­ven­tos del mismo siglo algunos fres­cos con el tema, pero se descono­cen por falta de inves­ti­ga­ciones o porque muchos de ellos per­manecen bajo una gruesa capa de cal. Tam­poco se sabe algo sobre si los fran­cis­canos, que fueron los primeros frailes que lle­garon a la entonces Nueva España, antes de la muerte de Cuauhté­moc quien fue el último emper­ador mex­ica, hacían nacimien­tos, aun cuando todo indica que no.


Los pocos retab­los del siglo XVI pre­sen­tan, den­tro del ciclo de vida de Jesús, la escena de su Nacimiento como se acos­tum­braba en los retab­los españoles, es decir con dos mues­tras de ado­ración, por un lado la de los pas­tores y por el otro la de los Reyes. Los retab­los que se con­ser­van casi ínte­gros, son el del con­vento fran­cis­cano de San Miguel Arcán­gel de Huex­otzingo y el de San Bernardino de Xochim­ilco. El primero, pin­tado alrede­dor de 1584 por Simón Pereyns con la misma dis­posi­ción temática, y en Xochim­ilco hacia finales de ese siglo, se repite con una obra prob­a­ble­mente de Echave el Viejo.


Michoacán es el estado más rico en cuanto a la elab­o­ración de nacimien­tos, y los mate­ri­ales más usuales en este tipo de fig­uras son el tex­til, la cerámica, el barro, la madera, el tule y las hojas de maíz. Llama la aten­ción que en esto de la elab­o­ración de nacimien­tos no se hagan de pasta de caña de maíz siendo un mate­r­ial muy duradero y con la que se hacen fig­uras muy bonitas.


Patam­ban cuenta con un arte­sano, el Sr. Anto­nio Hernán­dez que tra­baja la pasta de caña de maíz con la que actual­mente hace imá­genes reli­giosas, éste mate­r­ial se usó en tiem­pos de la colo­nia y era muy apre­ci­ado porque no se rompe, pesa poco y es muy duradero, fue muy usado cuando los indí­ge­nas susti­tuyeron la piedra con la que hacían a sus dioses por la pasta de caña ya que así des­tin­a­ban menos hom­bres a car­gar a sus ído­los cuando partían a las guer­ras y si se caían no se rompían o que­bra­ban. En Pátzcuaro se tienen imá­genes reli­giosas que tienen más de cien años y que fueron hechas con este mate­r­ial, antes de la inde­pen­den­cia la pasta de caña de maíz se pegaba con baba de maguey y ya luego se usó el engrudo y ahora ya se usa el resis­tol y otros. Sería muy bueno que fig­uras de los nacimien­tos se hicieran con pasta de caña de maíz, serían vis­tosas y duraderas.


Recuerdo que en un tiempo, allá en ese pin­toresco pueblo de Patam­ban el de la fiesta en honor a Cristo Rey que es la fiesta más vis­i­tada de la región, el entonces Pár­roco de ese lugar, el Sr. Cura Gon­zalo Álvarez Ruíz, tuvo a bien, ya para fines de Noviem­bre hacer un nacimiento de un gran tamaño que era muy vis­i­tado. Lo hacía en una gran área de su casa y ponía alrede­dor de los focos de la casa faroles de papel, las plan­tas de las mac­etas igual­mente las adorn­aba con algo dis­tin­tivo de la época y en sí toda la casa qued­aba muy digna de verse, es el nacimiento más grande y mejor hecho que he visto.


Todo el tiempo que estuvo como pár­roco de Patam­ban hizo nacimien­tos que fueron vis­i­ta­dos por per­sonas de varias pobla­ciones, pero además muchas famil­ias del lugar hacían sus nacimien­tos hasta que esa tradi­ción decayó y fue hasta el ante­rior pár­roco que algu­nas famil­ias les dio por nue­va­mente hacer su nacimiento.


En el nacimiento que men­ciono se podía apre­ciar la ermita y afuera el ermi­taño, un río con su respec­tivo puente peatonal, una estrella que guiaba a los reyes que iban en camino; los mis­mos tres reyes que al prin­ci­pio se ponían en lo más ale­jado del pese­bre y se les iba recor­riendo con­forme pasa­ban los días, un estanque en donde había peces, patos y algu­nas otras aves, un área donde los pas­tores tenían a sus ove­jas pas­tando, unas cabañas en donde afuera se veían fogatas en la noche se prendía el foco y se veían muy bien y aden­tro de alguna cabaña se podía ver a una señora en su cocina y para esto se hacía una chime­nea de esas que por un lado tenían un fogón y además se tenía un tras­tero con cazueli­tas, ollas, can­tar­i­tos y otras, todo de barro.


Para finalizar, viene a mi mente otro nacimiento muy bien hecho que hacía la familia Mariscal Rodríguez allá en la casa ubi­cada en Pino Suárez y Michoacán, el mismo lo hacían en la habitación que da a la calle. La señora de nom­bre Raquel Rodríguez, además ofrecía a los asis­tentes ya fuera ponche, atole y tamales o algo pro­pio de la época, era bonito y de buen tamaño el nacimiento que uno podía admirar.


Es deseable que las casas de la cul­tura, en coor­di­nación con las regidurías de edu­cación pudieran lle­var a cabo un con­curso de nacimien­tos, y que en las plazas prin­ci­pales se ten­gan nacimien­tos lo más grande que la imag­i­nación per­mita hacerlos.


Com­pi­lación: Diciem­bre en Las Tradi­ciones Pop­u­lares– SEP y Fol­leto de Sr. Cura Gon­zalo Álvarez Ruíz.

















[Ir al Ini­cio del artículo]




Pub­li­cación: Leti­cia E. Becerra Valdez













¿TE GUSTÓ ESTE CON­TENIDO? Dále Like, Com­pártelo o Deja tu opinión

Comen­tar­ios poten­ci­a­dos por CCom­ment

Videos más recientes

Busca en ViviendoMiCiudad