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La cam­paña para ocu­par el máx­imo puesto político del munici­pio había lle­gado a su fin, Cle­o­fas resultó tri­un­fador gra­cias a las bue­nas prome­sas que había hecho y la gran ven­taja sobre los demás can­didatos lo posi­cionaba bien. Su ima­gen estaba por los cie­los, Luchita su sec­re­taria par­tic­u­lar tenía bien ano­tado todos los com­pro­misos adquiri­dos que, según lo men­cionó, lle­varía a cabo en los primeros meses de su gob­ierno.

Ya como pres­i­dente del munici­pio las cosas no fueron como lo había prometido, el azadón empezó a hacer su tra­bajo de todo para acá, los pre­supuestos de obras ya fueran del Sis­tema de Agua Potable y Alcan­tar­il­lado o ya de dotación de ser­vi­cios como asfal­tado o pavi­mentación de calles, fueron con­stan­te­mente infla­dos en más del doble de su costo, otros ingre­sos munic­i­pales se usó la prác­tica denom­i­nada toma lo que quieras que con­sistía en aven­tar el dinero hacia arriba y entonces decía que el pueblo y Dios tomaran lo que quisieran y lo demás era para él, lógico que ya imag­i­namos a dónde iba todo.

Además los fun­cionar­ios seguían su ejem­plo ya fuera el direc­tor de obras que si ya había remod­e­lado la casa de sus papás o bien con­struyendo una para su hijo y claro que usando mate­ri­ales com­pra­dos con dinero del pueblo y emplea­dos admin­is­tra­tivos, o como el ofi­cial mayor que envi­aba a su gente con la mis­ión de que ese día debían entre­gar para él una can­ti­dad de dinero y así aque­llo se con­vir­tió en un des­or­den o bien como en Ecología y Medio Ambi­ente que en com­pras de arboli­tos o plan­tas de ornato trip­lic­a­ban el costo o bien cobrando por autor­izar la tumba de árboles, claro que el dinero no iba a las arcas munic­i­pales…

Ya tran­scur­ri­dos siete meses, Luchita le recordó al pres­i­dente sus prome­sas de cam­paña, mire jefecito– le dijo un día que por fin se atre­vió a men­cionarle– usted se com­pro­metió a muchas cosas que no ha hecho y la gente ya mur­mura, se les hace extraño que solo atienda lo del SAPA y algu­nas pocas obras y ya, con­sidero que es tiempo de que haga algo.
Está bien– dijo Cle­o­fas en tono enfadado– el lunes tu y yo vamos a recor­rer el munici­pio y vemos las actuales necesi­dades, las de cam­paña olví­date de ellas ya ves que esas son para no cumplirse.

El men­tado lunes llegó y el pres­i­dente y su aun sec­re­taria par­tic­u­lar ini­cia­ron el recor­rido, primero fueron a una de las colo­nias más pobres y ahí las solic­i­tudes de los veci­nos fueron muchas, que si drenaje, luz, asfal­tado o empe­drado de calles porque éstas ya son lodaza­les, que si un par­que con ban­cas y jue­gos para niños

Anó­tale Luchita– indicó el pres­i­dente en tono enér­gico– y con­tinuó su recor­rido por otras más colo­nias. En una de éstas, prin­ci­pal­mente las mamás, le solic­i­taron fuera a una de las escue­las para que viera las condi­ciones en que sus hijos recibían las clases. Hacia allá dirigieron el vehículo y cuando entró al cen­tro de estu­dios una maes­tra le solic­itó cor­re­gir las cuar­tead­uras de varias pare­des, techar aunque fuera con lámi­nas un salón y otro volver a techar con mate­r­ial ya que en tem­po­rada de llu­vias los alum­nos en vez de poner aten­ción tienen que ir a colo­car cube­tas en las goteras y luego a ir a tirar el agua, además — dijo la maes­tra — com­prar pizarrones y poner una línea tele­fónica, cor­re­gir en un salón el piso que se hundió sabrá Dios porqué y muchas más,
Anó­tale Luchita– ordenó el primer munícipe a su sec­re­taria– .

Ya de ahí se fue a tomar un refresco porque se sen­tía cansado, ha sido duro el recor­rido, pero estoy sat­is­fe­cho, ya vez –dijo — los ante­ri­ores munícipes, nada han hecho.
Un rato después con­tinuó su recor­rido, ahora fueron a unas tier­ras agrí­co­las en donde sus propi­etar­ios le solic­i­taron maquinaria propia para bar­bechar la tierra a fin de no que­mar­las después de las cose­chas ya que le argu­men­taron, que dichas tier­ras se esta­ban ero­sio­n­ando por que­mar ya que eso afectaba la tierra.

Anó­tale Luchita– dijo en un tono no tan enér­gico– , acto seguido subieron a la camioneta y se dirigieron rumbo a la cár­cel munic­i­pal.
En dicho cen­tro de readaptación, algunos pre­sos solic­i­taron varias cosas: que si camas nuevas, pin­tar las cel­das y cam­biar piso, arreglar en forma total los baños, con­struir una can­cha de bas­quet­bol y una de tenis, mesas y sil­las nuevas para el come­dor, uten­sil­ios de cocina y equipo nece­sario , un gim­na­sio, pero — le dijeron – lo más urgente son las cel­das y lo de la cocina.

Anó­tale Luchita– ordenó con tono enér­gico el señor pres­i­dente a su sec­re­taria– un poco después se reti­raron a la ofic­ina de donde luego él se fue a su casa indicán­dole a su sec­re­taria que el lunes revis­arían todo para el palomeo cor­re­spon­di­ente.
Luchita estaba feliz, ahora sí habrá un cam­bio — se dijo – ya era tiempo de que algu­nas necesi­dades se atendieran, que las per­sonas vivan mejor.

El men­tado lunes llegó y ya como a las once de la mañana, pres­i­dente y sec­re­taria, en la sala de Cabildo, dieron ini­cio a revisar las peti­ciones recibidas, la sec­re­taria irra­di­aba feli­ci­dad.

Muy bien, empece­mos – habló Cle­o­fas, mien­tras daba un sorbo a su aromático café-​, estaba son­ri­ente y su sec­re­taria lo vio y más feliz se puso.

En las colo­nias – habló la sec­re­taria– las peti­ciones fueron muchas como.….….
Párale mi esti­mada Luchita, – inter­rumpió el pres­i­dente— vamos a hacer algu­nas cosas pero en unos pocos meses, mien­tras que hagan un proyecto, ya cuando lo hagan ver­e­mos que se puede hacer…
En la escuela– con­tinuó la sec­re­taria impor­tante ya ve que los niños se dis­traen de la clase y no adquieren conocimien­tos por — —
Espérate mi secre, ahí nada hare­mos, eso es respon­s­abil­i­dad de la Sec­re­taría de Edu­cación Pública, ahora con­tinúa.
Bueno, en las tier­ras agrí­co­las, hace falta maquinaria y.….
No mi jovencita– dijo el pres­i­dente– nada podemos hacer, no hay dinero para maquinaria y mien­tras que sigan que­mando las tier­ras. no hay de otra.

Mire jefe– habló Luchita la sec­re­taria– en la cár­cel fueron muchas las peti­ciones pero creo que nada urge, ya ve que la may­oría están ahí en forma tem­po­ral, le insisto, nada urge.
Nada de eso m i esti­mada– rugió el primer munícipe– ahí que todo se haga y pronto.

Como exclamó la con­fusa sec­re­taria, en la escuela nada se va a hacer, en las colo­nias no se aten­derá a gente nece­si­tada, y en la cár­cel todo ¿ cómo está eso ?,
Despe­jaré tu duda e inqui­etud mi querida Luchita– con tono suave le habló Cle­o­fas– tu y yo ya esta­mos grandes , ya no vamos a entrar a la escuela, pero a la cár­cel…..















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Pub­li­cación: Leti­cia E. Becerra Valdez













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